“Mira la manera de vivir que tenéis los cristianos, a la misa llamáis práctica religiosa, al rito del bautismo llamáis ser cristiano… pero la práctica es hacer la voluntad de mi Padre: -Amaos los unos a los otros como yo os he amado-, empezando por mi propia familia pero acercándome a los que están más vulnerables en la familia humana”.
¿Para mi beneficio o por el bien común?
“Si no saliste a trabajar a primera hora porque no conocías qué era pensar en los demás y no sólo en ti mismo… si no te implicaste en nada que beneficiase a todos, porque no creías en el Dios que busca una mesa donde sentar a la familia humana… ha llegado tu hora. Estás a tiempo de comenzar a hacerlo”
Perdonar de corazón
Me doy cuenta de que necesito la fuerza de Dios, en este caso ese rey compasivo para perdonar (…) Descubro que empiezo a recibir la fuerza de Dios de mirar con sus ojos a los que me ofendieron… Descubro que Dios me mira sanando los daños recibidos por quienes me ofendieron… Que me quiere con mis daños y mi impotencia… Descubro que esto me va sanando…
El perdón entre vosotros
Tomo mi tiempo para hacer mía la responsabilidad adquirida de pedir perdón y perdonar a diario… practicando la corrección fraterna.
Seguimiento y sufrimiento
«Deseo que viváis conectados a la Vida, al Dios de la Vida, al Amor incondicional que os ama permanentemente y sin condiciones… desde su Fuerza de amar, cargar con los hermanos más rotos y dejados de lado, y entrar en la dinámica del Dios de la Fraternidad, de la Sororidad».
Donde está mi tesoro está mi corazón
Al escucharle contar la parábola del tesoro descubro que la cuenta para mí. Descubro mis auténticos tesoros, los que de verdad habitan mi corazón… y se los cuento… “Qué bueno es tener la experiencia de un Dios Abba como nuestro tesoro, el Dios que nos sostiene, nos cuida”…
¿Qué hacemos con el mal?
Le cuento la dificultad que yo tengo de convivir con el mal, cómo me indigna y cómo siento ganas de arrancar el mal a mi alrededor… Veo que me cuesta asumir el dejar crecer juntos el mal y el bien… Es decir, no emplear la violencia para arrancar el mal (y el malvado)… Le pido que me abra a esta comprensión mucho más humana pero mucho más valiente y creativa que la violencia…
La fuerza de la palabra
Jesús confía en que la palabra eche raíces en el corazón de los que le escuchan, que acabé dando fruto (…) Eso no quita que estén exentos de peligros externos: Persecuciones, exclusiones sociales y religiosas… ni de falta de disposiciones internas: Seducción de las riquezas, deseo de poder, falta de raíces, sin convicciones…
Cansados y agobiados
Jesús está preocupado por mis cansancios y mis agobios (…) Me pone junto a sí y me da una palmada de compañero para caminar uncido a su yugo, para tirar juntos del arado que labra la tierra a veces árida de competitividades, exclusiones… para hacer posible que en ese surco cuaje la semilla de la acogida, de la integración de la tierra nueva.
Quien quiera salvar su vida
“El que trate de salvar su vida la perderá. El que la pierda por mí la salvará”… Empiezo a entender que es preferible vivir arriesgando por el bien y la justicia y ser considerado ilegal, que plegarse a la injusticia dentro de la legalidad… Es decir, ya que de todos modos vamos a morir, mejor vivir para hacer el bien a quien más lo necesita que vivir para mi capricho y mis intereses.











