SAL Y LUZ

Mt 5, 13-16

Foto de David Todd McCarty en Unsplash

0. TEXTO

Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en vosotros, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

1. UN COMENTARIO DEL TEXTO

Es un texto que viene a continuación de las Bienaventuranzas. En él se trata de pasar de los enunciados y deseos recogidos en las bienaventuranzas, a “hechos”, a ponerlos en acciones de vida, convirtiéndolas en sal y luz. Propiedades de la sal: Es un alimento, pero no se puede comer directamente. En todo caso se utiliza en pequeñas cantidades poniéndola en relación con otros alimentos, para dar gusto a cantidades mucho más grandes, por ej en un caldo. Sólo funciona cuando entra en relación. Lo que importa no es la sal, sino la comida sazonada. Si no hay qué comer, la sal sóla, es inútil. Se emplea también para conservar los alimentos en su sazón.

La luz brota siempre de una fuente incandescente. Si no arde no podrá emitir luz. Pero si estás ardiendo, no podrás dejar de emitir luz. Solo si vivo lleno del Amor de Dios, podré ser luz. Y así me convertiré en “Una vela que enciende otra vela” y haré que lo que salga de la otra persona sea luz. Pero hay luces en los escaparates que deslumbran. La luz que aportamos debe ayudar a que el otro vea, no que quede cegado. No miramos directamente al sol, sino gracias a él podemos mirar lo que nos rodea. Y gracias a él hay calor, función clorofílica, oxígeno, en definitiva VIDA.

Aunque la sal y la luz no tienen nada en común, hay un aspecto en el que coinciden. Ninguna de las dos es provechosa por sí misma. La sal sola no sirve de nada para la propia alimentación, solo es útil cuando acompaña a los otros alimentos. La luz no se puede ver, es absolutamente oscura hasta que no tropieza con un objeto. Solo somos sal y luz, nuestro ser auténtico, en la medida en que salimos de nosotros y conectamos con los demás. Cuando se nos llama a ser sal, se nos está pidiendo que ayudemos a los demás a evitar que se pudran, se estropeen, que les comuniquemos sabor humano. Y la llamada a ser luz, es para generar vida, oxígeno, calidez.

2. Ahora comenzamos propiamente la oración HACEMOS SILENCIO

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. VEMOS, ESCUCHAMOS, SABOREAMOS EL TEXTO. Me hago presente: ver, oír, gustar…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Sigo con Jesús en el monte de las Bienventuranzas, como si presente me hallase, y tras desearles a la multitud que sean felices, al modo de las bienaventuranzas, se dirige de nuevo a ellos: “viviendo así, y ahora que ya vivis así, sois la sal de la tierra y la luz del mundo… Dichosos los que vivís vaciándoos de vuestros deseos desordenados, de vuestro afán de tener, de poder, de figurar… y os llenáis del deseo de Dios, de los mismos sentimientos de Cristo Jesús… de disponibilidad”… Escucho para hacer mías sus palabras… Me tomo mi tiempo…

Sigo escuchando a Jesús: “Vosotros sois la sal de la tierra”, sí sois sal cuando trabajáis por la justicia que persigue la causa de la fraternidad para todos, bien sea consiguiendo que el alimento, la salud, educación, vivienda lleguen para todos… Hacedlo con misericordia… y con limpieza de corazón”… Pero ojo, si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres”… Seguid siendo sal que sala”… Saboreo este tiempo…

Y continua: “la sal se echa en la comida en una pequeña cantidad y da sabor a todo”… Le escucho a Pedro y los Doce: “además la sal permite que los alimentos puestos en salazón no se estropeen”… Y Jesús: “que deis gusto al caldo social, a la cultura ambiente… Evitando que los buenos alimentos de la verdad y la justicia misericordiosa, se pudran y se pierdan… Dichosos cuando, por vivir rescatando la verdad y la justicia, os insulten, os persigan y digan, con mentira, todo tipo de mal por mi causa… Estáis en manos de Dios, no tengáis miedo de ir a contracorriente de las guerras y de los genocidios”… Me tomo mi tiempo para hacerlo mío…

4. YO ME HAGO PRESENTE EN LA ESCENA.

Jesús me mira y continúa: “Vosotros sois la luz del mundo, los que vivís tan conectados con Dios, que su Luz os habita y os convertís en su luz, y así, nada ni nadie os puede separar del amor que Dios os tiene… Ese Dios del amor incandescente que hace descender su fuego de Amor sobre nosotros desde Pentecostés, un fuego, una luz que sin saber cómo, tú la trasmites“… Y yo: “Así nos convertimos en fuegos que encienden otros fuegos…”… Ese es mi deseo…

Jesús sigue entusiasmado: “Así, unidos a Dios que es como el sol que ilumina y da calor, sois luz que ilumina los daños recibidos, y ayuda a aceptarlos, sois también fuego que cauteriza las culpas que lleváis como heridas sangrantes por donde se os va la vida… Culpas que cargáis por haberos dejado engañar, por haber cedido al chantaje, por no haber dicho la verdad en aquella situación”… Me tomo mi tiempo para ir dejándome hacer y poniéndome a ser luz.

Me vuelve a recordar: “Se sal y luz… Sal que sala, luz que brilla… Vive las bienaventuranzas… Vive esa otra manera de ser feliz… Vive conectado al Dios de la vida que sala y cauteriza, que da de nuevo sabor a la cultura ambiente polarizada… Vive conectado al Dios de la Vida que pone luz a la oscuridad de los antros sociales de la tortura, de lo que no se quiere ver porque es corrupción, abuso… Pon trasparencia y la verdad”… Le pido ser esa sal y esa luz…

5. Vamos terminando la oración con un COLOQUIO con Jesús

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… o le doy gracias… con un gesto de reverencia, juntar las manos; de agradecimiento, abriendo mis manos o de reconocimiento: señal de la cruz… y voy de nuevo volviendo a este lugar … Suelto los pies, abro mis manos… abro los ojos… Y termino escribiendo lo vivido, para que me ayude a fijarlo en mi vida.

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