Bienaventurados

Mt 5, 1-12a

Foto de Marwan Ahmed en Unsplash

0. TEXTO

Al ver la multitud, Jesús subió al monte y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, y él comenzó a enseñarles diciendo:

La dicha verdadera («Bienaventuranzas»)(Lc 6.20-23)

“Dichosos los que reconocen su pobreza espiritual, porque suyo es el reino de los cielos.»

“Dichosos los que sufren, porque serán consolados.»

“Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra que Dios les ha prometido.»

“Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán satisfechos.»

“Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos.»

“Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios.»

“Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.»

“Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque suyo es el reino de los cielos.»

“Dichosos vosotros, cuando la gente os insulte y os maltrate, y cuando por causa mía digan contra vosotros toda clase de mentiras. ¡Alegraos, estad contentos, porque en el cielo tenéis preparada una gran recompensa! Así persiguieron también a los profetas que vivieron antes que vosotros.»

1. UN COMENTARIO DEL TEXTO

Para Mateo, Jesús es el nuevo Moisés y como Él, proclama su mensaje central en la Montaña, como lo hizo Moisés al proclamar los diez mandamientos, con las tablas de la ley. Con Jesús pasamos de cumplir la ley de Dios a vivir la felicidad-bienaventuranza de Dios. El texto cuenta que Jesús llega allí acompañado de una multitud de personas que han sido despojadas de sus posesiones, personas que pasan hambre y sufren, incluso que han sido despojados del amor de Dios, haciéndoles creer, las autoridades religiosas de su tiempo, que Dios no les quiere. Le seguía pues, esa multitud con enfermedades físicas, psíquicas: ciegos, paralíticos, lunáticos, endemoniados, … Mt 4,24

En Lucas son dichosos los pobres, los que lloran, etc. porque Dios está en su situación de vulnerabilidad, se hace cargo de la vida rota de los empobrecidos. En Mateo, son los que experimentan el regalo de Dios, que les da la Vida, y la viven desde Él. Y el mensaje comienza así: dichosos los pobres de espíritu, los disponibles de sus personas y de sus bienes, porque sitúan su corazón en Dios, ponen el centro de su vida en Él y desde Él viven el sufrimiento, la verdad en la relación como son los limpios de corazón, la mirada de misericordia, el trabajo por la paz etc. Desde esta primera bienaventuranza se van comprendiendo todas las demás.

Y terminan así: “dichosos cuando os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros POR MI CAUSA, alegraos… que del mismo modo persiguieron a los profetas anteriores a vosotros”. Dichosos los que viven todo esto no violentamente, que es vivir la vida de un modo más valiente y más creativo que los que ejercen la violencia. Esta bienaventuranza recoge el sufrimiento, vejaciones y desprecios vividos o a vivir para hacer posible el mundo nuevo.

2. Ahora comenzamos propiamente la oración HACEMOS SILENCIO

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. VEMOS, ESCUCHAMOS, SABOREAMOS EL TEXTO. Me hago presente: ver, oír, gustar…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Jesús sube al monte, ve a la multitud con deseos de vivir una vida en autenticidad, cansados de no encontrar nada más que vacío, culpabilidad y rechazo… Ellos le inspiran a Jesús. Yo me hago presente junto a él y le escucho pronunciar cada bienaventuranza: “Dichosos los pobres de espíritu. Los que tienen alma de pobre. Dichosos los que se han vaciado de sus intereses y se han llenado de disponibilidad”… Me acuerdo de lo que decía San Ignacio “salir de su propio amor, querer e interés”… y así ser mujeres y hombres disponibles de su persona, de su tiempo, de sus bienes… Deseo vivir esa disponibilidad que nos hace libres… Me tomo mi tiempo para hacerla mía.

Así lo sigue haciendo con las demás bienaventuranzas: Dice a todxs: “Dichosos cuando viváis no violentamente, mansamente, sabiendo que vivís como ovejas en medio de lobos: sed sencillos como palomas y sagaces como serpientes… Dichosos cuando seáis de mirada trasparente, limpios de corazón, y cuando trabajéis por la paz… y dichosos cuando vuestro corazón sea miseri-cordioso mirando la miseria humana con corazón (cordis)… Disfruto de esas palabras de Jesús…

Y termina: “Dichosos seréis cuando trabajéis por la justicia que persigue la causa de la fraternidad, la igualdad de oportunidades para todos, bien sea en alimentación, salud, educación, vivienda… Cuando luchéis por hacer de esta tierra, a veces infernal, un cielo… y dichosos cuando por vivir así, os insulten, os persigan y digan, con mentira, todo tipo de mal por mi casusa… Estáis en manos de Dios, no tengáis miedo de ir a contracorriente de la guerra, de la colonización, de los genocidios”… Me tomo mi tiempo para hacerlo mío…

4. YO ME HAGO PRESENTE EN LA ESCENA.

Jesús me mira y continúa: “Dichosos los que os habéis apuntado a vivir la felicidad verdadera, la que nada ni nadie os puede quitar porque nadie os puede separar del amor que Dios os tiene”…. Por eso, dichoso si te atreves a dejarte querer por Dios, con tu verdad, con tu fragilidad, con tus heridas del alma y te abres al Dios que puede sanar tu herida del afán de posesión, la herida de la violencia y del deseo de venganza, la herida de la dureza de corazón”… Me tomo mi tiempo para situarme en mis heridas…

Y continúa: “Me gustaría que tú también colaboraras a curar tus heridas del alma. Yo las tocaré, pero tú trabájalas, vamos a una”… Y le digo: “Sí, toca mi doblez, mi herida del engaño y yo trabajaré mi verdad, y la del quererlo todo y yo viviré con alma de vaciarme de mis bienes, … Toca mi rabia y mi rencor y yo trabajaré mi no violencia, toca mi dureza de corazón y yo miraré a las personas con misericordia… Toca el odio que me produce cuando me calumnian para que les mire a quienes me odian desde ti… Te lo pido de corazón.

Jesús me sigue animando: “Aprende a poner en el centro de tu corazón el Reino de Dios y su justicia, para que sepas hacer frente, con verdad y misericordia, a tantas situaciones de corrupción, mercados financieros sin cortapisas, paraísos fiscales, comercio de armas, trata de personas… Alguien tiene que señalar el pecado y salvar en lo posible al pecador… Recuerda aquello de Juan Pablo II: “Hay pobres más pobres a costa de ricos más ricos”… Le pido: “Que colabore a la bienaventuranza de la fraternidad de la casa común”… Me quedo asimilando su propuesta.

5. Vamos terminando la oración con un COLOQUIO con Jesús

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… o le doy gracias… con un gesto de reverencia, juntar las manos; de agradecimiento, abriendo mis manos o de reconocimiento: señal de la cruz… y voy de nuevo volviendo a este lugar … Suelto los pies, abro mis manos… abro los ojos… Y termino escribiendo lo vivido, para que me ayude a fijarlo en mi vida.

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