YO NO SOY EL CENTRO. Testigo de algo más grande que yo

Jn 1, 29-34

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0. TEXTO

Al día siguiente, Juan vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo:

“¡Mirad, ese es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo! A él me refería yo cuando dije: ‘Después de mí viene uno que es más importante que yo, porque existía antes que yo.’ Yo mismo no sabía quién era él, pero he venido bautizando con agua precisamente para que el pueblo de Israel le conozca.”

Juan también declaró:


“He visto al Espíritu Santo bajar del cielo como una paloma, y reposar sobre él. Yo aún no sabía quién era él, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que el Espíritu baja y reposa, es el que bautiza con Espíritu Santo.’ Yo ya le he visto, y soy testigo de que es el Hijo de Dios.”

1-UNA INTERPRETACIÓN DEL TEXTO

Jesús CORDERO DE DIOS. Juan Bautista interpretó, probablemente, con referencia al Cordero pascual. Así como en el judaísmo, el signo de la liberación de Egipto, es el cordero Pascual, así, por Cristo, somos liberados de todo aquello que nos ata, dinero, posesiones, fama, poder, miedos etc. Además, en el texto se quiere aclarar que no hay rivalidad entre Juan Bautista y Jesús. Para ello, el evangelista Juan, nos presenta un Bautista totalmente integrado en el plan de salvación de Dios. Su tarea es la de ser precursor de Jesús.

“Que quita el pecado del mundo”. En el AT y en el Nuevo, la palabra más usada para indicar “pecado”, significa errar el blanco. Se trata de la opresión, del daño que un ser humano provoca en otro y que trunca el desarrollo de su persona. Este pecado es siempre relacional, siempre que hay pecado, hay opresor y víctima. Jesús quita el pecado del mundo, haciéndose uno con su Abbá y viviendo Él mismo, su vida de amor incondicional. Para ello eligió el camino de la verdad, la servicialidad, la pobreza y entrega hasta la muerte. Esa actitud anula toda forma de dominio. Y al vivirla en relación con los demás, hizo posible que los oprimidos salieran de la opresión que los oprimía, tomaron conciencia de que eran libres, que había un Abbá que les quería libres y así podían adquirir la fuerza para que no se dejasen oprimir.

El vivir como “cordero”, corderos en medio de lobos, en esta sociedad, no es fácil. En el mundo en que vivimos, si no explotas te explotan. Esta actitud obedece al puro instinto de conservación y mueve a la mayoría de las personas a defenderse con violencia. El vivir no violentamente supone una madurez grande en la fe. El vivir no violentamente, no oprimiendo ni haciendo violencia al que intenta oprimirme es lo de Jesús, que prefirió que le mataran antes de hacer daño o imponerse usando la violencia contra los demás.

2. Ahora comenzamos propiamente la oración HACEMOS SILENCIO

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. VEMOS, ESCUCHAMOS, SABOREAMOS EL TEXTO. Me hago presente: ver, oír, gustar…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo con Juan Bautista y los discípulos en un descanso de los bautismos… Juan ve a Jesús venir hacia ellos… y entonces, espontáneamente, toma la palabra: “este es el elegido de Dios”… Los demás, permanecemos callados porque Jesús nos resulta un desconocido, pero Juan ya tiene una historia y una fama de Hombre de Dios entre el pueblo y entre nosotros… Nos tomamos nuestro tiempo para acercarnos a Jesús por consejo de Juan… Le preguntamos: “por qué dices eso de Jesús”?… Aprendemos de la grandeza de ánimo de Juan…

Juan toma asiento con nosotros como si quisiera expresarse más largo… “Mirad, el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquel sobre quien veas que el Espíritu baja y reposa, es el que bautiza con Espíritu Santo. Yo no le conocía. Pero he visto al Espíritu Santo bajar del cielo como una paloma, y reposar sobre él. Por eso soy testigo de que es el Hijo de Dios”… Nos está haciendo una confidencia clave de su vida… Le damos gracias y saboreo la confianza que nos da la certeza de que el futuro va por Jesús… Que es a Él a quien tenemos que seguir…

Juan continua: “Mirad, ese es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”… y todavía nos quedamos más impresionados, esa es una confesión de mucho calado: “¿qué quieres decir con cordero de Dios?” le preguntamos … Nos dice: “lo mismo que el cordero pascual es signo de la liberación del Pueblo de la esclavitud de Egipto, así Cristo es signo de la liberación de la esclavitud del pecado”… Me acuerdo de Jesús “os envío como corderos en medio de lobos”… Pido, corazón para no odiar e imaginación y creatividad para dar respuestas con verdad y compasión…

4. JESÚS Y YO. 

Le preguntamos a Juan: “¿Qué es liberación del pecado?”… Y Juan: “el pecado es el daño que ejerce un ser humano sobre otro. Que le destruye como persona, le desfigura, le hiere, le deshumaniza… El daño mayor es la destrucción de la vida de la otra persona, es mortal, de muerte. El pecado es algo relacional”… Le escucho con atención y me pregunto cómo son mis relaciones, en mi familia, en las amistades, en el trabajo, con los que piensan diferente ¿construyen a las personas, o las van destruyendo poco a poco o de golpe?… Me tomo mi tiempo para mirarme…

Le seguimos preguntando: “¿Cómo quita Jesús el pecado del mundo?” Y Juan: “mirad su vida, cómo elige y practica, él mismo, el camino del amor, amor gratuito, amor servicial, amor en verdad en fidelidad hasta la muerte llevando a cabo la Voluntad de su Abba, de su Padre: la mesa de la fraternidad… Así hace posible la salvación de todo y de todxs”… Y continúa: “y al mismo tiempo, ayudando a tantos expulsados a las cunetas de la miseria, para salir de su opresión”… Voy haciendo mía esa manera de comprender y quitar el pecado del mundo… Me tomo mi tiempo.

Agradezco a Juan: qué bueno que nos enseñes a situarnos en nuestro lugar como tú lo haces, porque comprendes que “el que viene tras de mí, está por delante de mí (más importante que yo)”. Gracias por situarte como testigo y no situarte como el protagonista, aunque podías hacerlo porque eras considerado hombre de Dios. Gracias porque no se te ha subido la misión”… Aprendo que, en la evangelización, lo importante es que yo conduzca a las personas a Jesús, y no el poseerlas para mí. También deseo aprender a hacer sitio a otros compañeros de misión, que sepa dejar sitio cuando descubro que pueden aportar más que yo… Te lo pido de corazón.

5. Vamos terminando la oración con un COLOQUIO con Jesús

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… o le doy gracias… con un gesto de reverencia, juntar las manos; de agradecimiento, abriendo mis manos o de reconocimiento: señal de la cruz… y voy de nuevo volviendo a este lugar … Suelto los pies, abro mis manos… abro los ojos… Y termino escribiendo lo vivido, para que me ayude a fijarlo en mi vida.

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