Mt 3, 13-17 (Mc 1, 7-11)

0. TEXTO
Entonces Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole:
«Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!».
Pero Jesús le respondió: «Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo». Y Juan se lo permitió.
Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se le abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía:
«Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».
1-UN COMENTARIO DEL TEXTO
El bautismo es, probablemente, el primer dato histórico acerca de Jesús. Aparece en los cuatro evangelios y es algo que sitúa a Jesús como discípulo de Juan, cuando la historia mostró que Él era el mayor. ¿Cómo llega Jesús donde Juan el Bautista? Recordamos que, a los 12 años, pasaban de la niñez a la adultez y a partir de los 16 años, más o menos, los hombres se casaban. Pero Jesús vive célibe en un pueblo en el que los hijos son bendición de Dios. Vive, pues, como alguien, por lo menos, un poco raro. Durante este tiempo Jesús va buscando ¿Qué es lo que Dios quiere de él? ¿Hasta cuándo le va a tener viviendo una situación a contrapelo de lo que se lleva?
La respuesta no le viene de una revelación en oración sino de mirar-discernir la vida. Concretamente, la presencia de Juan el Bautista le habla de Dios. Juan es la referencia religiosa con la que Jesús más conecta, la que encuentra más auténtica de su tiempo, en comparación con los fariseos, esenios y zelotes o con saduceos, sacerdotes, levitas. Por otra parte, al bautizarse, parecería que Juan era mayor que Jesús, por eso Juan le dice: ”yo soy el que necesito que tú me bautices” y Jesús: “conviene que así cumplamos toda justicia”. Es la lectura de Mateo.
Algunos rasgos del bautismo de Jesús. El contexto lo dan “el cielo abierto”, que nos sitúa en Is 63, 19 (ojalá rasgases los cielos…) y “el Espíritu que desciende en forma de paloma” Gen 1,2 (El Espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas). Y la clave de interpretación está en la Voz. “Este es mi Hijo amado, en Él me complazco” Esta es su experiencia. A partir de esta experiencia, nombra a Dios como Abbá, que equivale a nuestro aita, papá. Son las primeras palabras que emplea un niño pequeño, en cualquier cultura, cuando comienza a hablar en los brazos de sus padres. Jesús va entendiendo a Dios-Abba, como alguien de toda confianza.
2. Ahora comenzamos propiamente la oración HACEMOS SILENCIO
Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).
3. VEMOS, ESCUCHAMOS, SABOREAMOS EL TEXTO. Me hago presente: ver, oír, gustar…
NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).
Me sitúo con la imaginación en Nazaret, en una de aquellas reuniones que hacían a la salida de la sinagoga. Hay un grupo entusiasta hablando de Juan el Bautista… Yo me hago presente. Escucho que algunos se quieren hacer bautizar por Juan en el Jordán… En eso, Jesús toma la palabra y dice: “Yo en unos días salgo camino del Jordán”… Varios más dicen que se apuntan con Él. El ambiente es precioso. Se huele lo nuevo que llega. Y saboreo el momento, como si se palpase la salvación esperada… Yo no voy a perder la ocasión y me apunto a acompañarles… Gozo la situación…
Después de tres días de gozoso caminar, llegamos al lugar de los bautismos. Contemplo el lugar, veo a la gente, cómo va vestida, la fila para bautizarse… Escuchamos la predicación de Juan: “aprovechad la oportunidad que Dios os da… Yo os bautizo con agua… pero el que viene detrás de mí, os bautizará con Espíritu Santo…” No pierdo detalle… Pido ese espíritu de novedad para asumir los cambios que llegan y para vivir a fondo el momento que les toca vivir…
Me acerco con Jesús a la fila, me late el corazón con fuerza, son de esos momentos intensos en la vida… Se va acercando el momento de ser bautizado. Me fijo en Juan. Jesús se para a hablar con Él… Con algún otro lo había hecho pero con Jesús habla largo… Llama la atención, a la gente, ese diálogo prolongado… Se llega a escuchar: “yo soy el que tengo que ser bautizado por ti“ Y Jesús: “cumplamos toda justicia”… A continuación, Juan sumerge a Jesús en el agua… y al salir, descubro a Jesús transformado, con una alegría inmensa… Algo le ha sucedido… Doy gracias por lo que está ocurriendo… y saboreo el momento para no olvidarlo…
4. JESÚS Y YO.
Días más tarde, en el desierto, Jesús quiere hablar conmigo de su bautismo. Le escucho con suma atención. Me dice: “yo esperaba algo así como una señal que me hiciese descubrir lo que Dios quería de mí. Y no terminaban de convencerme ninguno de los grupos más interesantes que conocía: fariseos, esenios, celotes… Pero lo de Juan era diferente”… Me pregunta “¿y tú, ves a tu alrededor algún grupo que te de esperanza, tu propio grupo de referencia, algún grupo de vida religiosa, algún grupo de justicia y ecología?… Miro cuál es mi referencia comunitaria actual…
Jesús sigue contándome: “al bautizarme, escuche: Tú eres mi Hijo amado. En ti me complazco” Me sentí hijo amado, querido profundamente por Dios Abba”… Seguimos en conversación. Le digo: qué suerte sentirse Hijo, Hijo querido… Y me responde: “Al descubrir a Dios como Abbá, me siento en total confianza, como un hijo pequeño se siente en brazos de sus padres cuando comienza a balbucear sus primeras palabras… Me siento, pues, llamado a decir, a todo ser humano, que Dios le quiere incondicionalmente y con ternura…Y por tanto, que somos de la misma familia humana, hijos-as de Dios…“ Me siento como hijx queridx de Dios… Me tomo mi tiempo para hacerlo mio…
Me comenta Jesús: ”Qué importantes son las experiencias fundantes en la vida de las personas, ¿recuerdas la tuya?”… Empiezo a hacer memoria… Descubro alguna de perdón, de llamada sorprendente… y le digo: “En muchas situaciones me descubro conectando con ellas en mis decisiones a tomar… y eso me ayuda a construirme como persona con convicciones firmes, sostenidas en el tiempo, para afrontar los retos de este tiempo complejo”… Le pido de corazón que así pueda vivir porque me parece vital…
5. Vamos terminando la oración con un COLOQUIO con Jesús
Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… o le doy gracias… con un gesto de reverencia, juntar las manos; de agradecimiento, abriendo mis manos o de reconocimiento: señal de la cruz… y voy de nuevo volviendo a este lugar … Suelto los pies, abro mis manos… abro los ojos… Y termino escribiendo lo vivido, para que me ayude a fijarlo en mi vida.

