Jn 3, 16-18

0. TEXTO
(PREVIO 2 COR 13, 13 La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.)
Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.
El que cree en el Hijo de Dios no está condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado por no creer en el Hijo único de Dios.
1-UNA EXPLICACIÓN DEL TEXTO
En el evangelio, a raíz de las experiencias de Jesús resucitado, comienzan a preguntarse: quién es este Jesús a quien Dios ha levantado-resucitado de la muerte, cómo su Espíritu sigue vivo en nosotros, de dónde sacaba su fuerza para amar, cuál era su Fuente de Vida. Y por las confidencias de Jesús a los suyos, descubren que comprende a Dios como Abbá y después, en los discursos de la última cena, nos va contando que cuando Él no esté nos enviará el Espíritu Santo. Así, poco a poco, los discípulos comienzan a construir el edificio de la Trinidad, Padre e Hijo en LA Espíritu, porque Ruah-Aliento de Vida, en hebrero, es femenino.
¿Qué desea ese Abbá para nosotros? Que el mundo se salve. Traducido hoy: que la humanidad seamos la familia humana en la casa común: “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo se salve por Él” También desea: “que todo ser humano se salve y llegue al conocimiento de la verdad”. El motivo: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único”. Ese amor de Jesús llega hasta el extremo por hacer posible la fraternidad y muriendo en cruz por defenderla. ¿Cómo llegamos a esa comprensión? La comunidad cristiana: “a Dios nadie le ha visto jamás, su Hijo único, nos lo ha dado a conocer”.
¿Cuál es la relación de la Trinidad Padre-Hijo y Espíritu Santo con nosotros? El Dios Uno y Trino, es Alguien que nos sostiene y nos cuida: “En Dios vivimos, nos movemos y existimos” nos dice S Pablo. Y también es alguien que, permanentemente, está amándonos hasta el extremo: “quién nos separará del amor de Dios…” Él siempre nos tiene en sus Manos, a no ser que nosotros queramos irnos y hacer nuestra vida rompiendo la relación con Él y con todo lo que Él ama.
2. Ahora comenzamos propiamente la oración HACEMOS SILENCIO
Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).
3. VEMOS, ESCUCHAMOS, SABOREAMOS EL TEXTO. Me hago presente: ver, oír, gustar…
NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).
Nos situamos con Juan el evangelista y un grupo de personas de su comunidad de Asia Menor, como cada domingo, para seguir compartiendo la vida de comunidad en el seguimiento de Jesús. Y esta vez surge la pregunta: “¿quién era Dios para Jesús, Yahveh?” Y Juan: “sí, esa era su experiencia de niño, en ella creció en la fe de su pueblo. Pero con el tiempo fue madurando. Y para cuando salió de Nazaret, tras el bautismo de Juan, fue hablando de “Abba”… Saboreo el momento…
Desde el anuncio de su misión en la sinagoga de Nazaret, descubrimos a Jesús habitado por el Espíritu: “El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido. Me ha enviado a dar la buena nueva a los pobres, la vista a los ciegos, la liberación a los cautivos, la libertad a los oprimidos y a anunciar el año de gracia del Señor”… Además, termina el texto sin citar “el Día de Venganza de nuestro Dios”… Y descubrimos que su Dios es sólo gratuidad, y por eso tiene aportaciones muy novedosas en la sociedad: cura en sábado, el Templo es un lugar para todos, como sería en los tiempos mesiánicos… Escucho con toda atención haciendo míos estos textos…
Y continúa Juan: Veíamos que vivía muy unido al Padre. Nos decía: “El Padre y yo somos uno”.
Y también: “El Hijo no hace nada por su cuenta sino que, lo que ve hacer al Padre, hace Él”… Y así otras muchas. Por eso íbamos descubriendo que Dios tiene que ver con el Padre, el Hijo y el Espíritu… Vamos saboreando lo que Juan y la comunidad van descubriendo desde la vida de Jesús… Nos tomamos nuestro tiempo…
4.-JESUS Y YO.
En la última Cena que tuvimos con él, tuvimos la experiencia de que, habiendonos amado a los suyos, a sus amigos que vivieron con el en el mundo “nos amó hasta el extremo”… En un momento de la cena, nos lavó los pies y nos dijo: “haced vosotros lo mismo”… Además, nos aseguró: “no os dejaré sólos, os enviaré un Defensor, el Espíritu de la Verdad”… Saboreamos una continuidad, caso de que sucediese algo fatal que nos temíamos… Hacemos memoria agradecida para recordar…
Cuando se nos hizo presente resucitado y sentimos en nuestro interior, su misma Vida, su misma fuerza, nosotros y tantas otras personas, empezamos a pensar que Abba era el Dios de Jesús. Pero, si Dios le Mantiene Vivo, es porque tiene una relación única con Él, “El Padre y yo somos uno”… y si su Vida sigue viva en nosotros, quiere decir que “el Defensor del que nos habló en la última cena, nos habita”… Saboreamos ese Dios Plural y Uno….
Continúa Juan: Jesús nos dio a conocer al Abba: “a Dios nadie le ha visto jamás, su Hijo único, nos lo ha dado a conocer”… Si Jesús fue así con nosotros es porque el Padre era así: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único”…. “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo se salve por Él”… Además, no es Alguien externo a nosotros sino que: “En Dios vivimos, nos movemos y existimos” nos dice S Pablo… Así vivimos en esa atmósfera de Dios, en ese océano de amor trinitario, el Aire que respiramos es su Ruah de amor… Nos tomamos nuestro tiempo para saborear, agradecer…
5. Vamos terminando la oración con un COLOQUIO con Jesús
Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… o le doy gracias… con un gesto de reverencia, juntar las manos; de agradecimiento, abriendo mis manos o de reconocimiento: señal de la cruz… y voy de nuevo volviendo a este lugar … Suelto los pies, abro mis manos… abro los ojos… Y termino escribiendo lo vivido, para que me ayude a fijarlo en mi vida.

