Mt 9, 36-10, 9

0. TEXTO
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos:
«La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rogad al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha».
Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.
Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones:
«No vayáis a regiones paganas, ni entreis en ninguna ciudad de los samaritanos. Id, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, purificad a los leprosos, expulsad a los demonios. Vosotros lo habéis recibido gratuitamente, dadlo también gratuitamente».
1-UN COMENTARIO DEL TEXTO
Jesús aparece de nuevo como la persona preocupada por las multitudes que se encuentran como como ovejas sin pastor, extenuadas y abandonadas. Es el gentío que describe antes de subir al monte de las bienaventuranzas: personas aquejadas de enfermedades y sufrimientos diversos, epilépticos, endemoniados y paralíticos. Aquellos que sufren en la vida. Y con ellos se compadece, PADECE CON ellos. Qué importante llegar a las mayorías sufrientes de los países pobres, obligados a guerras con sus consecuencias en la infancia y su educación y tantos millones de desplazados y a tantos millones bajo el umbral de pobreza en nuestro País.
Ante esa situación, Jesús cura, sana y aporta una palabra de sentido. La gente busca primero sanar y dar un sentido a sus vidas para poder pasar de las cunetas del camino al carril de la vida digna, social y religiosa (clave en aquel tiempo). Apuntar hacia la plenitud y no hacia la desintegración personal. Pero las multitudes, necesitan multitud de “obreros” que trabajen en la mies, con compasión. Esta vez Jesús se vale de los Doce. Todos los enviados a esta misión tienen un nombre. Así pueden ayudar a que las personas anónimas puedan recuperar su nombre, su humanidad rota.
Jesús da autoridad a otros más para aumentar los “obreros de la viña” y así, con Él, expulsar demonios y curar toda enfermedad y toda dolencia. Qué importante recibir esa autoridad gratis, así uno se siente con esa fuerza para curar, sanar, enseñar u organizar. Cada uno con el carisma que ha recibido, gratis y que ha sido descubierto por él o por la comunidad para hacer Cuerpo, para hacer Pueblo. Alguien comentaba “La misión no debía ser un ingente esfuerzo por acrecentar el número de los que pertenecen a la Iglesia, sino el aumentar el número de los que son objeto de nuestro cuidado”. Se trata de alimentar el hambre de pan y el hambre de evangelio, sentido, de las personas.
2. Ahora comenzamos propiamente la oración HACEMOS SILENCIO
Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).
3. VEMOS, ESCUCHAMOS, SABOREAMOS EL TEXTO. Me hago presente: ver, oír, gustar…
NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).
Nos situamos en un momento, donde Jesús hace una evaluación de su misión… Me pongo, rodeado de los discípulos, junto a Él y le escucho decirles a los Doce: “Mirad a la multitud con tantas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, miradlos extenuados y abandonados como ovejas sin pastor… Haced memoria de nuestra lucha para hacer posible la vida de tantas personas rotas, sin esperanza”… Recuerdo el contexto, aquel mundo empobrecido por el poder político a causa de los impuestos y oprimido por el poder ideológico-religioso con sus normativas extenuantes, 648 preceptos para ganar la benevolencia de Dios… Me tomo mi tiempo…
Sigo con Jesús, en el momento en que anima a los Doce a continuar revirtiendo la situación… Se da cuenta de que tienen que hacerlo entre todos… En un primer momento, Jesús ha trillado el campo, con su palabra y sus hechos, ha preparado el camino para una posterior siembra por parte de los Doce ya entrenados por su Maestro… y les manda a hacer lo mismo que le han visto hacer a Él, de palabra y obra: “proclamad que ha llegado el reino de los cielos, curad enfermos, limpiar leprosos resucitad muertos”… Yo me sitúo también entre ellos… Agradezco estar entre ellos…
Personaliza la misión, llama a cada uno por su nombre: “Simón, de sobrenombre Pedro y Andrés su hermano; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote”… Veo cómo acogen la llamada por su nombre y su misión, con qué alegría, con qué emoción… Y yo con ellos… Como chavales con zapatos nuevos que decimos aquí… Nos tomamos nuestro tiempo para saborear…
4.-JESUS Y YO.
Jesús sigue buscando más personas, además de los Doce, y entre esos otros, fija su mirada en mí… Me llama por mi nombre… y me capacita para sanar y anunciar el Reino, la fraternidad que irrumpe en la historia para dar humanidad y sentido a lo que hoy se vive de inhumano: consumismo desenfrenado, apegos a deleites sin fronteras, atrapados en la red de fines de semana, de juegos, dependientes de caprichos, de afanes de poder y de dinero… Para eso, comienzo a vivir yo, lo que voy a proponer a otros, y eso en mi comunidad… Agradezco lo recibido…
También me anima, no sólo a librarme de las dependencias, sino a hacer realidad siquiera pequeñitos momentos de plenitud, de comunicación profunda entre amigos, de luchas por causas que valen la pena, de trabajos por el perdón y la reconciliación que construyen convivencia, de oraciones que escuchan para dejar que Dios inspire nuestras acciones… Voy saboreando esos momento de plenitud vividos por mi persona…
Y a una con Él, me vuelve a recordar: ”la misión no es acrecentar el número de los que pertenecen a la Iglesia, sino aumentar el número de los que son objeto de nuestro cuidado”. Esto actuando a dos niveles, que nos recordaba Arrupe, atendiendo al hambre de pan y al hambre de evangelio, atendiendo a las necesidades básicas y a las necesidades de sentido. O sea, por una parte recibiendo ayuda en los despachos o en los comedores de cáritas y por otra participando en la eucaristía en la comunidad cristiana… Y me entreno para la vida…
5. Vamos terminando la oración con un COLOQUIO con Jesús
Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… o le doy gracias… con un gesto de reverencia, juntar las manos; de agradecimiento, abriendo mis manos o de reconocimiento: señal de la cruz… y voy de nuevo volviendo a este lugar … Suelto los pies, abro mis manos… abro los ojos… Y termino escribiendo lo vivido, para que me ayude a fijarlo en mi vida.

