Mt 13, 44-50

0. TEXTO
El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. Un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas. Al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.
El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen los buenos en canastas y tiran los que no sirven. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
1-SITUACION explicación breve del texto
La comunidad de Mateo es una comunidad que ha sufrido persecuciones. Por eso llega un momento en el que es necesario trabajar las motivaciones: ¿Qué es aquello que me seduce, que tiene ganado mi corazón? ¿Quiero seguir siendo de los de Jesús? ¿Por qué?
Este grupo de cristianos, que apuesta por una vida en disponibilidad (pobreza espiritual), con mansedumbre y a pesar de las persecuciones y exclusiones, va teniendo a Dios como su Todo y va viviendo una vida en comunidad que hace posible la vida de tantas personas que no tienen dónde vivir ni con qué subsistir.
Por eso Mateo elige contar dos parábolas de Jesús que ayuden a enraizar su apuesta en quienes deciden seguirle. La primera comparación es con un tesoro. Se trata de una persona que va por el campo y, por casualidad, lo encuentra. No lo roba. La única posibilidad de conseguirlo legalmente era comprar el campo. Y en ello emplea hasta el último ahorro. Invierte todo, todo.
Alguien comentaba que la diferencia entre darlo todo y dar casi todo era infinita. Del mismo modo que un tesoro permitía resolver la vida, Jesús y su Reino permiten vivir en buenas manos y con paz incluso en medio de las dificultades y persecuciones.
La segunda comparación es con un comerciante que busca perlas finas. No es la casualidad la que las encuentra, sino una búsqueda seria y constante la que le lleva a conseguir lo que buscaba. Hay quienes, después de mucho buscar, encuentran la comunidad donde vivir las bienaventuranzas y encuentran a Jesús y su Reino.
Y cuando lo encuentran, invierten todo lo ahorrado durante su vida para conseguir aquello que han hallado, porque sienten que han encontrado la felicidad del Reino y la verdadera Vida.
2. Ahora comenzamos propiamente la oración HACEMOS SILENCIO
Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).
3. VEMOS, ESCUCHAMOS, SABOREAMOS EL TEXTO. Me hago presente: ver, oír, gustar…
NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).
Me sitúo con Jesús y sus discípulos a la orilla del lago de Galilea… Jesús, subido a una barca, rodeado de muchas personas que buscan la vida que no encuentran en aquella situación tan dura… Jesús desea reavivar las esperanzas de quienes le escuchan…
Busco mi espacio… veo a Jesús, que mira a las personas y desea lo mejor para ellas en esta situación… Trato también yo de mirarlas con Jesús para leer en sus rostros y en sus miradas sus deseos profundos… Me tomo mi tiempo…
Se hace un silencio y Jesús comienza a enseñar: «El Reino de los Cielos, este tiempo que llega en el cual Dios reina, se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo».
Y continúa: «Este tiempo en el que Dios habita y este tiempo en que vivimos entre nosotros de un modo fraterno es un tesoro de valor incalculable… Es un tiempo en que vamos creyendo en Dios de un modo nuevo, como Alguien compasivo y cercano… y en una comunidad que acoge y comparte la fraternidad…»
Comento con Pedro: «Qué suerte poder vivir este tiempo con Jesús y su Causa, el Reino, que nos permite salir de nuestras vidas arrastradas y vivir con la dignidad de hijos de Dios… Qué suerte vivir este tiempo como un tesoro, como un campo con un tesoro, como una tierra en la que vivimos cada persona con el tesoro de un corazón lleno de Dios Abba y no de un Dios duro, leguleyo y amenazador…»
Esto es otra manera de vivir… Por esto vale la pena dejar todo lo que tenía valor hasta ahora y apuntarse a lo que es mejor que aquello que vivíamos en el tiempo pasado…
Saboreo la situación…
4.-JESUS Y YO.
Sigo cerca de Jesús porque lo necesito… y descubro, sorprendentemente, su mirada sobre mí. Intuyo su deseo de que le siga de cerca… y me cuenta: «El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y, al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró».
Descubro que cuenta la parábola para mí… y me dice: «¿Cuál es tu auténtico tesoro, por el que venderías todo lo demás?»
Le contesto: «Creo que tu amistad; sin ella mi vida no sería nada».
Me tomo mi tiempo… Jesús me cuenta el tesoro que supone tener la experiencia de un Dios Abba, que nos sostiene y nos cuida…
Voy haciendo mías estas palabras… y le digo: «Cómo me gustaría que muchas personas, y yo mismo, pudiéramos vivir esta experiencia; que pudiéramos llenar nuestras vidas con ella. Hay tantos que no saben qué hacer con sus vidas…»
Le pido vivir ese tiempo en el que a las personas les importa vivir llenas del Espíritu de Jesús Vivo y llenas de relaciones de disponibilidad, de confianza (pobreza espiritual) y de mansedumbre, aunque vivan perseguidas y sean pobres…
Escucho a Jesús: «Por este tesoro merece la pena venderlo todo y vivir para esta causa».
Se dirige a mí mientras lo dice… Le respondo: «Quiero vivir un nivel de experiencia de Dios que me permita hacer esta apuesta total de vida. Y eso deseo también para quienes siento como mis compañeros de cordada: mi comunidad, mi parroquia, mis amigos…; para subir a las cumbres de la amistad social y de la misericordia».
Le pido un corazón que viva conectado al Dios Abba de la Vida… y le pido vivirlo en mis ambientes, en este tiempo…
Me tomo mi tiempo…
5. Vamos terminando la oración con un COLOQUIO con Jesús
Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… o le doy gracias… con un gesto de reverencia, juntar las manos; de agradecimiento, abriendo mis manos o de reconocimiento: señal de la cruz… y voy de nuevo volviendo a este lugar … Suelto los pies, abro mis manos… abro los ojos… Y termino escribiendo lo vivido, para que me ayude a fijarlo en mi vida.

