Ramos y pasión


Mt 27, 32-50 (Leed la pasión entera)

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

0. TEXTO 

Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. Él lo probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron;  y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos». Al mismo tiempo, fueron crucificados con él dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían:

«Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!».

De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo:

«¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: «Yo soy Hijo de Dios»». También lo insultaban los bandidos crucificados con él.

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz:

«Elí, Elí, lemá sabactani», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: «Está llamando a Elías». En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le decían: «Espera, veamos si Elías viene a salvarlo».

Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.

1 – SITUACION explicación breve del texto

La pasión comienza con el domingo de ramos. Jesús sube a Jerusalén y realiza un primer gesto mesiánico: montado en un borriquito, símbolo de la mansedumbre, de la noviolencia, el profeta del Dios Amor, de lo sencillo y no del poder (el caballo con carro de combate).

La pasión, es algo terrible que nadie podía prever. Fue lo primero que escribieron los evangelistas, entre otras cosas, porque los cristianos, los primeros años tras la muerte y resurrección de Jesús, hacían “el vía crucis”, pasando por los lugares donde pasó Jesús, comenzando por la cena, siguiendo por el prendimiento y así los demás pasos. Mateo narra el modo como Jesús vive la pasión, con algunos acentos propios: se cumple la Escritura, escuetamente descriptivo, puesto a prueba, con la imagen del Hijo de Dios.

La cruz es el resultado de una comprensión, radicalmente distinta, de quién es Dios. Los sacerdotes, escribas y fariseos “no eran gente sin corazón”, sino que pretendían ser fieles a lo que entendían como voluntad de Dios, definida en la ley de Moisés y en función de esta interpretación, estructuraban la sociedad. Desde el bautismo Jesús, con experiencia profunda de Dios Abbá, comienza a llevar una práctica que muestra otra imagen de Dios y otra manera de estructurar la sociedad, más de igual a igual, más fraterna, poniendo en cuestión, en la práctica, la estructuración social del tiempo.

Deciden desacreditarle pública y radicalmente, acusándole de ser un falso profeta. Se alían con los romanos para conseguir la condena en cruz, estilo de muerte de los asesinos y terroristas del tiempo. Así quedaría totalmente desacreditado y se borraría todo rastro de su persona y su vida. “El que muere colgado de un madero es un maldito”.

2. Ahora comenzamos propiamente la oración HACEMOS SILENCIO

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. VEMOS, ESCUCHAMOS, SABOREAMOS EL TEXTO. Me hago presente: ver, oír, gustar…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Comienzo la contemplación, situándome cerca de Jesús crucificado, como si presente me hallase, con toda reverencia y respeto… Le digo a Jesús: “permíteme acompañarte en tu pasión”… No se qué decir ni qué hacer, estoy… Con Él, voy haciendo memoria, voy recorriendo, sin comprender nada, por la crueldad de la situación, los últimos momentos de su vida… Pido al Padre: “que pueda acompañar a Jesús y a los jesuses de hoy…”. Me tomo mi tiempo.

Acompañando a Jesús, hago memoria… Recuerdo el juicio de Pilato…  Acompaño a alguien a quien le han quitado, “legalmente”, la razón y es objeto de rechazo, burla… En la plaza pública, abucheado, rechazado públicamente… Mientras miro su rosto, no descubro una mueca de rabia ni de venganza… No han cambiado sus actitudes: no han podido arrancarle ni el amor, ni el perdón, ni la fidelidad… Qué humanidad tan grande… Agradezco y contemplo…

Miro cómo las autoridades religiosas, los jefes, se burlan de él: “A otros ha salvado, que se salve Él si es el Mesías, el predilecto de Dios”… Yo lo escucho. Qué duro, ni al final de la vida le pueden dejar morir en paz. Siguen haciéndole daño donde más duele: en el fracaso de su misión… Jesús no contesta nada. Y me dirijo a Él y le digo: “Gracias por tu capacidad de perdonar”… Me tomo mi tiempo para aprender…

4. JESÚS Y YO.

Me cuesta acompañar la agonía de un hombre justo… Jesús, que no puede con su alma, desde la cruz, cerca de Él, me recuerda su grupo… Los Doce que le han abandonado… Su amigo, Judas, que le ha traicionado, vendiéndole a sus enemigos y de Pedro que le niega… Me reitera: “Siguen siendo mis amigos”… Empiezo a comprender lo que es la verdadera amistad… Y le pido. “Señor, que tantos que viven situaciones parecidas a la tuya, tantos abandonados de sus seres queridos, en residencias, hospitales, en sus casas… Sientan tu cercanía”…

Cerca de Jesús, me doy cuenta de que va perdiendo todo: dignidad, honor, misión… prestigio, hasta sus ropas… Lo único que no le pueden quitar es, la capacidad de amar y de perdonar, en esa situación…. Le siento totalmente vinculado, conectado con su Padre… “Señor, que no tenga miedo de perder tantas cosas por impulsar la fraternidad verdadera: salud, empleo, lugar de confort, el sitio entre los amigos,… por ser auténticos…” Me tomo mi tiempo de contemplar y aprender.

Escucho su jadear en la cruz, el suplicio persa para hacer sufrir a sus enemigos, hasta morir por asfixia… Tanta crueldad… Acompaño como puedo a Jesús… en su soledad… sobran las palabras, quiero que sienta mi presencia, eso es lo que puedo hacer… y permanezco…  Le pido por todos los moribundos, solos como Jesús, heridos de guerra, solos a los que nadie viene a buscar, personas en su soledad sin compañía, personas que esperan la muerte… Escucho a Jesús, con una voz fuerte, entregando su Espíritu… Hago un largo silencio para aprender a morir… en Buenas Manos…

5. Vamos terminando la oración con un COLOQUIO con Jesús

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… o le doy gracias… con un gesto de reverencia, juntar las manos; de agradecimiento, abriendo mis manos o de reconocimiento: señal de la cruz… y voy de nuevo volviendo a este lugar … Suelto los pies, abro mis manos… abro los ojos… Y termino escribiendo lo vivido, para que me ayude a fijarlo en mi vida.

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