Pentecostés

Jn 20, 19-23

Imagen de Mark Filter en Pixabay

0. TEXTO 

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
– Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
– Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
– Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

1.-SITUACIÓN. Explicación breve del texto

Estamos en Pentecostés, terminando el tiempo pascual. En tiempos de Jesús era una fiesta judía que recordaba la alianza del Sinaí y era celebrada 50 días después de la Pascua. Hoy los cristianos la celebramos, como el nacimiento de la nueva comunidad de seguidores de Cristo, la Iglesia.

Juan describe Pentecostés en la única aparición a los discípulos. Estaban “en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos”. Quiénes estaban: habla de los discípulos nos imaginamos los Doce y justamente antes había sido la aparición a María Magdalena que estaba con los apóstoles. No sería la única mujer presente en el cenáculo, pues junto a la cruz de Jesús había tres mujeres, la madre de Jesús, María de Cleofás y María Magdalena.

Cuál era su situación. Habían matado a su líder y ellos corrían la misma suerte. Estaban viviendo lo que los entendidos definen como trauma extremo. Pero es precisamente entonces cuando experimentan la presencia del ejecutado, vivo. A eso llamamos apariciones. Es el primer día de la semana, después del sabath (sábado) como en el génesis, en medio del caos al comienzo del primer día aparece la luz. Jesús aparece en medio del caos del miedo, como una presencia que no lleva cuentas: “Paz a vosotros” y lo tiene que repetir porque no se lo creen de la alegría…”Paz a vosotros”. Además, les da una misión: “Recibid el Espíritu Santo, tenéis toda autoridad para perdonar” Y por medio de vosotros, que llegue el perdón a tantos.

NOTA: Este texto está calcado del texto en que el rey David dio plena potestad sobre sus bienes al Mayordomo de Palacio: a quien abras la puerta le queda abierta a quien la cierres queda cerrada. Ahora Jesús, con la misma fórmula: “a quienes les perdonéis les quedan perdonados a quienes se los retengáis, les quedan retenidos“. Les da a los apóstoles la plena potestad para perdonar.

2. HACEMOS SILENCIO

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. VEMOS, ESCUCHAMOS, SABOREAMOS EL TEXTO. Me hago presente: ver, oír, gustar…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Comienzo esta contemplación haciéndome presente… Entro con la imaginación, con todo respeto y me sitúo en el cenáculo, entre los discípulos, los once y las mujeres, su madre, y las que habían estado junto a la cruz… Sus caras desencajadas, un silencio que se corta… paso un rato así acompañando a los fracasados llenos de culpa por haberle abandonando a Jesús a la hora de la verdad… Me tomo mi tiempo para acompañar a los perseguidos y culpabilizados…

En esta situación sucede lo nunca acontecido: vemos cómo los presentes, le descubren Vivo en sus Vidas… Quedan llenos de una alegría indescriptible. VEO, miro la cara de admiración, desconcierto, incredulidad, miedo… de los once y las Mujeres… ESCUCHO la palabra de Jesús: “Paz a vosotros…» El ambiente cambia radicalmente… ¿Estamos soñando? No se lo creen de la alegría… SABOREO el momento tan consolador que estoy viviendo con ellos… Me tomo mi tiempo.

Sigo escuchándole a Jesús, interiormente, sin perderme detalle. Noto cómo exhala su aliento sobre ellxs y les dice: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo, os envío a perdonar “… Descubro una alegría inmensa en los allí reunidos por el perdón recibido y por la llamada a perdonar… La venganza ha sido definitivamente vencida, Jesús perdona en lugar de vengarse… y siento una alegría enorme… Voy pidiendo poder vivir esa capacidad de perdonar de Jesús…

4. JESÚS Y YO. 

Situado en este ambiente del cenáculo, con Jesús y sus discípulxs, siento que yo también soy habitado por la Vida resucitada… Voy conectando con lo más íntimo de mí… y con Jesús que se dirige personalmente a mí: “Como el Padre me ha enviado, así también te envío yo. Recibe el Espíritu Santo y con Él, la capacidad de perdonar”… Me siento llamado a descubrir a quién perdonar que me haya hecho daño… Me quedo feliz de la misión que me plantea…  Cómo me siento. Qué me sale pedir…

Me doy cuenta de que yo tengo algo contra mí, que tampoco me he perdonado… Jesús me dice: “perdónate tus incongruencias… las decisiones en las que has antepuesto tu interés… tus mentiras… tus cobardías…” Toca mi corazón para decirme: “paz a ti que no te perdonas a ti mismo… que sientas mi perdón”…  Gozo con su deseo para mí… Me tomo mi tiempo…

Voy descubriendo el sentido de pentecostés: PERDONAR. “A quienes perdones los pecados, les quedan perdonados…” Voy con mi imaginación acercándome a tantas víctimas que están intentando perdonar el daño que les han hecho. Y voy pidiéndole a Jesús que les de su fuerza de perdonar… y desearles a cada una de ellas: “ojalá puedas sentir la fuerza que restaure tu vida, que te sane… y así, puedas perdonar como Jesús perdonó”… Me tomo mi tiempo…

5. Vamos terminando la oración con un COLOQUIO con Jesús

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… o le doy gracias… con un gesto de reverencia, juntar las manos; de agradecimiento, abriendo mis manos o de reconocimiento: señal de la cruz… y voy de nuevo volviendo a este lugar … Suelto los pies, abro mis manos… abro los ojos… Y termino escribiendo lo vivido, para que me ayude a fijarlo en mi vida.

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