Experiencias del resucitado

Jn 20, 19-29

Imagen de Amber Clay en Pixabay

0. TEXTO 

Al llegar la noche de aquel mismo día, primero de la semana, los discípulos estaban reunidos y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo:

– ¡Paz a vosotros!. 

Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. Luego Jesús dijo de nuevo:

– ¡Paz a vosotros! Como el Padre me envió a mí, también yo os envío a vosotros.

Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió:

– Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar.

Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Después le dijeron los otros discípulos:

– Hemos visto al Señor.

Tomás les contestó:

– Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo creeré.

Ocho días después se hallaban los discípulos reunidos de nuevo en una casa, y esta vez también estaba Tomás. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró, y poniéndose en medio de ellos los saludó diciendo:

– ¡Paz a vosotros!

Luego dijo a Tomás:

– Mete aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado. ¡No seas incrédulo, sino cree! 

Tomás exclamó entonces:

– ¡Mi Señor y mi Dios!

 Jesús le dijo:

– ¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!

1. SITUACION explicación breve del texto

La situación no podía ser peor. Los Doce están muertos de miedo porque sus vidas están en peligro. Si les descubren, les sucederá lo mismo que a Jesús, que era la persona que lideraba el grupo del que formaban parte y con la que apostaron sus vidas. Y acaba de ser crucificada. Alguien que muere así, quedaba claro a los ojos de todo el mundo que se había equivocado, sí buena voluntad, pero esto no podía ser de Dios. “Maldito el que muere en un madero”. Estaban pues “en el cenáculo con las puertas cerradas por miedo a los judíos”. Cuando se te caen las certezas, cuando no tienes en qué apoyarte, cuando no encuentras explicación a lo sucedido, es muy duro.

Cuando la situación no podía ser peor sucede lo mejor. Experimentan en su interior la presencia del ejecutado, vivo. A eso llamamos apariciones. Jesús llega de improviso, sorprendentemente… increíblemente real, y totalmente inexplicable. En medio de ellos algo totalmente nuevo sucede. Lo que nunca había acontecido sucede. Una presencia indescriptible que no lleva cuentas. Con un mensaje: “Paz a vosotros” y con una misión: “Recibid el Espíritu Santo para perdonar”. Os doy todo el poder para perdonar. Es el mismo Espíritu que en el Genesis sopla sobre Adán y lo convierte en ser vivo, el que ahora se les regala para ser perdonados, poder vivir y para perdonar, hacer vivir.

¿Cómo convences a alguien que no ha visto la luz, que la luz existe? ¿Cómo convences a alguien que no ha sido amado, que el amor existe? ¿Cómo convences a alguien que no ha experimentado al resucitado, que el resucitado vive? Pues bienvenida a la persona de Tomás. Dichoso el que crea sin ver. Nadie ha visto a Dios ni a Jesús resucitado, lo mismo que no se ve el viento, ni las ondas electromagnéticas. Pero al contacto con Él, su presencia (Espíritu del Resucitado), no es raro que hayamos experimentado una valentía que no iba con nuestro natural o una capacidad de luchar contra el mal no habitual en nosotros, una capacidad de perdonar, que no era lo nuestro. Y es que su Vida, comienza a ser nuestra vida.

2. HACEMOS SILENCIO

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. VEMOS, ESCUCHAMOS, SABOREAMOS EL TEXTO. Me hago presente: ver, oír, gustar…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Nos situamos en el cenáculo, con los 12 y las mujeres que seguían a Jesús, entre ellas su madre… Miro sus caras, desencajadas… un silencio que se corta… escucho: ¿cómo saldremos de esta?… Muertos de miedo, sintiéndose perseguidos y fichados… Con riesgo de ser eliminados también. Además, llenos de culpa por haber abandonando a Jesús a la hora de la verdad… Están todos juntos para protegerse. Acompaño a los fracasados y aterrados… pido saber acompañar…

De repente, todos empiezan a experimentar una alegría interior indescriptible, indudable… ¿de dónde viene?… VEO sus caras de admiración, desconcierto, incredulidad, miedo… Pregunto estupefacto, qué sucede… me dicen: Es Jesús que nos perdona. Nos ha dicho “Paz a vosotros…” Está Vivo en nosotros… nos sentimos inundados de una profunda paz… SABOREO con ellos, lo que están viviendo… Disfruto como un niño pequeño… Me tomo mi tiempo… sin prisa.

Me dicen: “Sentimos como si alguien nos insuflara su fuerza vital, como cuando Dios sopló sobre Adán de barro y así se convirtió en un ser vivo”… Juan dice: “es como si estuviese recibiendo su Fuerza para perdonar”… así también Pedro y los demás…  “creo que nos quiere dar toda su fuerza para perdonar, como Él lo hizo en la cruz, para perdonar a los que le mataban”… Qué alegría sentir la fuerza para poder perdonar a tantos que me han hecho daño…

4. JESÚS Y YO. ME SITÚO EN EL HOY

Cuando están hablando unos con otros… con el corazón lleno de fuerza y alegría, llega Tomas y se sorprende del ambiente de alegría y fiesta… ¿“Qué ha sucedido”?… Escucho cómo le comienzan a contar: “Jesús se nos ha hecho presente, incomprensiblemente, pero indudablemente… No nos lo explicamos pero ha sido maravilloso… Está vivo y quiere seguir vivo en nosotros”… Y Tomás: “si no veo los agujeros de sus manos y del costado, no me lo creo”… Me quedo asombrado de su cerrazón… y sigo entusiasmado con lo que les ha pasado…

Al momento, de nuevo, vuelven a experimentar lo que vivieron en un primer momento… y esta vez, también yo me lleno de una profunda paz y alegría… Sin duda es Jesús… y escucho a Tomas que nos cuenta: “es verdad… mi vida está llena de paz, es como si se me estuviera curando la herida de mi desconfianza precisamente al tocar la herida de sus manos y el costado… sus heridas nos sanan” También yo experimento sanación, perdón, una paz y una alegría grande… una llamada intensa a sanar, a perdonar…

Ahora le cuento a Jesús, la víctima Pascual, cuántas personas como tú hoy son víctimas… Viven en situaciones de horror, miedo, desolación por situaciones de guerra, de persecución, de difamación… ”ojalá tengan la oportunidad de descubrirte Vivo en sus vidas, para que su situación cambie a esperanza como les sucedió a los Doce, a María tu madre, a las mujeres”… y Jesús: haz tú con ellos lo que yo he hecho contigo: “acércate, sana lo que puedas, dales tu vida resucitada”…

5. Vamos terminando la oración con un COLOQUIO con Jesús

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… o le doy gracias… con un gesto de reverencia, juntar las manos; de agradecimiento, abriendo mis manos o de reconocimiento: señal de la cruz… y voy de nuevo volviendo a este lugar … Suelto los pies, abro mis manos… abro los ojos… Y termino escribiendo lo vivido, para que me ayude a fijarlo en mi vida.

keyboard_arrow_up
Resumen de privacidad

Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para fines analíticos y de rendimiento del sitio web. Clica AQUÍ para más información. Puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón "Aceptar" o rechazar su uso a continuación.

Cookies estrictamente necesarias

Las cookies estrictamente necesarias tiene que activarse siempre para que podamos guardar tus preferencias de ajustes de cookies.

Cookies de terceros

Esta web utiliza Google Analytics para recopilar información anónima tal como el número de visitantes del sitio, o las páginas más populares.

Dejar esta cookie activa nos permite mejorar nuestra web.