Conversión

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Mt 3, 1-12

Imagen de Josemdelaa (Pixabay)

 

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Por aquel tiempo se presentó Juan el Bautista en el desierto de Judea. En su proclamación decía: “¡Convertíos a Dios, porque el reino de los cielos está cerca!”

Juan era aquel de quien el profeta Isaías había dicho: “Una voz grita en al desierto: ‘¡Preparad el camino del Señor; abridle un camino recto!’ ”

Juan iba vestido de ropa hecha de pelo de camello, que se sujetaba al cuerpo con un cinturón de cuero; su comida era saltamontes y miel del monte. 

Gentes de Jerusalén, de toda la región de Judea y de toda la región cercana al Jordán salían a escucharle. Confesaban sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán.

Pero viendo Juan que muchos fariseos y saduceos acudían a que los bautizara, les dijo:

– “¡Raza de víboras!, ¿Quién os ha dicho que vais a libraros del terrible castigo que se acerca? Demostrad con vuestros actos que os habéis vuelto a Dios, y no os hagáis ilusiones diciéndoos: ‘Nosotros somos descendientes de Abraham’, porque os aseguro que incluso de estas piedras puede Dios sacar descendientes a Abraham. 

Ya está el hacha lista para cortar de raíz los árboles. Todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. 

Yo, ciertamente, os bautizo con agua para invitaros a que os convirtáis a Dios; pero el que viene después de mí os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Él es más poderoso que yo, que ni siquiera merezco llevarle las sandalias. Trae la pala en la mano, y limpiará el trigo y lo separará de la paja. Guardará su trigo en el granero, pero quemará la paja en un fuego que nunca se apagará.”

1. SITUACIÓN                                                         

Después de 250 años sin profecía en Israel aparece alguien que es reconocido como profeta, Juan el bautista. Su estilo, su autenticidad, su austeridad, su palabra… y su mensaje de conversión para todos sin excepción, en un pueblo donde las oportunidades de vida prácticamente sólo existen para una minoría, es una sacudida humanizante. Y es que muchos por su enfermedad, por su condición, por su profesión, estaban condenados “por lo religioso” del momento.

Pero en Juan la CONVERSIÓN es PARA TODOS. La oportunidad de Dios es para todos. Conversión es un cambio de rumbo en la vida a partir del rescoldo de Vida que todo ser humano conserva en su interior. Desarrolla aquello que le hace humano, Pleno. La conversión no es renuncia, sino elección por la bondad, por la verdad. La propone el profeta, que desde su experiencia de Dios, descubre algo nuevo a vivir, más humano de lo que existe y que aquella sociedad, que se dice religiosa, no vivía. El profeta, por eso, ve más allá.

La llamada de Juan a la conversión es en el desierto junto al Jordán, en el lugar donde entró el Pueblo de Israel a la tierra prometida desde su periplo por el desierto. El bautismo es, por tanto, un planteamiento alternativo al del Templo. Es rompedor frente a una religión que organizaba la sociedad en función de las estancias del Templo. Y además segregaba: a algunos  no dejaban entrar, separaba los puros de los impuros, extranjeros de judíos, hombres de mujeres, población popular de grupos de poder… Pero Juan da una oportunidad de conversión para todos y todas.

2. HACEMOS SILENCIO

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE: VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo con Juan bautista en el desierto de Judea, junto al Jordán, como si presente me hallase… Miro, veo que va llegando mucha gente que reconoce en Juan al profeta de quien habló Isaías: “Una voz grita en el desierto, preparad el camino al Señor”… Observo sus vestidos austeros, su comida frugal del desierto… Saboreo el momento de gran expectación cuando todo puede cambiar…

Escucho su proclamación:  “¡Convertíos a Dios, porque el reino de los cielos está cerca!”… Lo de Dios está al llegar… Cómo lo recibe la gente, con qué atención… Las palabras de Juan son nítidas, claras… Es un mensaje que iguala, que hace a todxs del pueblo… Es una oportunidad para todxs y la primera vez que en siglos alguien habla de ello… Veo a las personas felices por esa oportunidad recibida, que iguala a mujeres y hombres, a poderosos y sencillos. Es una única llamada para todxs… Gozo con la alegría que supone…

Me sitúo con Juan en la zona del Jordán por donde entró el Pueblo a la tierra prometida. Es la nueva entrada, esta vez personal de cada uno-a, símbolo del nuevo comienzo… Miro lo que hace la gente: “Confiesa sus pecados”… Descubro sus deseos de nueva vida. Asisto a ese rito de iniciación en una vida que se abre a la igualdad: el bautismo… Escucho a Juan: “Nace a una vida nueva, aprovecha la oportunidad de Dios… Dios cuenta contigo para hacer un nuevo pueblo”…. Disfruto de los grandes deseos de vivir de las personas que se acercan al bautismo… Me tomo mi tiempo…

4. JESÚS Y YO. ME  SITÚO EN EL HOY. 

Miro un espectáculo poco frecuente: fariseos y saduceos llegan a bautizarse… Juan es duro con ellos con intención de que vivan una auténtica conversión. Escucho: “Raza de víboras… demostrad con actos que os habéis vuelto a Dios. No os hagáis ilusiones diciéndoos: ‘Nosotros somos descendientes de Abraham’… Descubro que quien se apunta a esto queda tocado en su profundidad… No es un barniz por cumplir… Disfruto de la propuesta de Juan…

Busco mi sitio en la fila de los bautizados… Me voy acercando… Huelo el ambiente de deseo de otra vida que se respira… Juan me busca con su mirada. Es una mirada recia, convencida, deseosa de otra sociedad y otras personas… Transmite esperanza con su mirada… Antes de bautizarme habla conmigo: “¿Cuáles son tus esperanzas?… ¿Y tus deseos de cambio?… ¿Esto va en serio o lo vas a hacer porque lo hacen muchos?”… Me desea ser coherente… Me tomo mi tiempo para gustar su palabra… ¿Qué siento? Ilusión, miedo, confusión, esperanza…

Le comento y confieso mis pecados: “Voy a lo mío, sin preocupación por la vida de los demás mientras me vaya bien a mí… Vida mediocre que se conforma con sobrevivir… buscar el bienestar, la seguridad de los míos… No entro en voluntariados ni en nada que beneficie a otros, bastante tengo con lo mío… Me abandono a mi apetencia, sin ritmo de vida de crecimiento… Ni caso a la Palabra de Dios»… Juan me bautiza, introduciéndome en el agua y sacándome: “Comienza una vida nueva”… Así lo experimento y me lo propongo. Saboreo este momento de gracia, de gratuidad… 

5. COLOQUIO

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

 

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