Mt 11, 25-28

0. TEXTO
En aquel tiempo, Jesús dijo:
«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontraréis alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana».
1-UN COMENTARIO DE TEXTO
Jesús se encuentra con el grupo que ha regresado de la misión y con lo que intuye que han vivido, se alegra profundamente: “te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que ocultaste a los sabios y entendidos”. Estas cosas tienen que ver con Mt 5, las bienaventuranzas, es decir, viven la disponibilidad, la pobreza de espíritu, la no violencia, la limpieza de corazón, la paz, la lucha por la justicia… Jesús descubre que los sencillos comprenden el mensaje del Reino.
Por eso con ellos quiere compartir lo que Él ha recibido, la experiencia de Dios como Abbá, como un Dios que ama entrañablemente, un Padre que ama con entrañas de Madre. Les quiere dar la profunda experiencia que he recibido de su Padre-abba porque: “nadie conoce al Padre sino el Hijo y a quienes el Hijo les de a conocer”. Y así vivan su vida desde esa experiencia gozosa. Ellos la pueden comprender.
Pero al mismo tiempo estas personas, son aquellos “cansados y agobiados” por el peso de la vida, por el agobio del yugo de la Ley incumplible y por el peso del yugo del trabajo interminable para pagar impuestos a los que tenían conquistada su tierra. Jesús se implica con ellos con hechos: “cargad sobre vosotros mi yugo”. (el yugo lo lleva siempre entre dos animales y así aran). Pues bien, Jesús va cargando con su yugo (el Amor del Padre) y haciendo así el camino de la vida, y les propone arar con él, caminar con Él, arando juntos el camino de la vida. “Mi yugo es suave y mi carga ligera”. O sea, cargando juntos las situaciones de la vida y viviéndolas desde el cariño de Dios.
2. Ahora comenzamos propiamente la oración HACEMOS SILENCIO
Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).
3. VEMOS, ESCUCHAMOS, SABOREAMOS EL TEXTO. Me hago presente: ver, oír, gustar…
NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).
Entro en el texto, como si presente me hallase… Me sitúo con Jesús que recibe a los que han llegado de la misión y después les ha instruido en las dificultades para llevarla a cabo… Y, sin embargo, hay personas sencillas que le siguen y ante ellas explota de alegría: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que ocultaste a los sabios y entendidos”… Disfruto con la alegría desbordante de Jesús por encontrar tan buena gente…. Me tomo mi tiempo.
Miro a esas personas que mira Jesús, gentes que viven al límite de la vida y que viven esas situaciones de tal modo que emocionan a Jesús que me dice: “y aun con esa vida dura son capaces de compartir su pan y dar de comer al hambriento, vestir al harapiento, acoger al inmigrante extranjero, visitar a los presos”… Miro cómo se apoyan, se animan para salir juntos adelante… Yo, también, disfruto con esa sencillez de quien confía sólo en Dios… Me tomo mi tiempo…
Ahora les acoge y anima para caminar junto a los que se tienen que ganar la vida cada día y a mí con ellos: “Venid a mí todos los cansados y agobiados y yo os aliviaré…” y luego se dirige a mí: “acoge también a los cansados y agobiados de hoy, a los derrengados y estresados, a los que están sin posibilidad de salir del círculo de la exclusión (económica, de relaciones,…), acoge a las personas que repiten la historia de fracaso de sus familias… implícate con ellos”…
4.-JESUS Y YO.
Veo cómo Jesús conecta, sintoniza profundamente con ellos y le sale contarles lo que a Él le da vida, la experiencia de su Abba, su Padre. Un Dios en cuyas manos vivimos, nos movemos y existimos porque “nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo les de a conocer… para que se sientan queridos mientras caminan por la vida… Y lo hace también conmigo… Saboreo y agradezco…
Y le escucho: “cargad sobre vosotros mi yugo”. (esa preciosa imagen agrícola: el yugo lo lleva siempre entre dos animales y así aran). Y veo que se enyugan, el yugo sería la experiencia de Dios abbá y Jesús a un lado del yugo y esas personas y yo al otro, así vamos haciendo el camino de la vida con más esperanza, arando la fraternidad en esta historia, en Compañía de Jesús y de los demás, en comunidad…
Jesús y yo y enviado a hacer lo mismo… Pone su mano en mi hombro y me dice: “caminemos juntos con el mismo yugo de la ternura verdadera de Dios, uncidos para tirar juntos del arado que labra la tierra a veces árida de competitividades, exclusiones, rencillas, envidias, protagonismos… Para hacer posible que en ese surco cuaje la semilla de la acogida y de la casa común de la tierra nueva”… Me tomo mi tiempo para hacerla mía…
5. Vamos terminando la oración con un COLOQUIO con Jesús
Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… o le doy gracias… con un gesto de reverencia, juntar las manos; de agradecimiento, abriendo mis manos o de reconocimiento: señal de la cruz… y voy de nuevo volviendo a este lugar … Suelto los pies, abro mis manos… abro los ojos… Y termino escribiendo lo vivido, para que me ayude a fijarlo en mi vida.

