Quién decís que soy yo

Mt 16, 13-19

Foto de Ágatha Depiné en Unsplash

0. TEXTO (leed el texto completo)

Jesús preguntó a sus discípulos:

– ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? (…)

Simón Pedro le respondió:

– Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente. 

Entonces Jesús le dijo:

– Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque ningún hombre te ha revelado esto, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra voy a edificar mi iglesia; y el poder de la muerte no la vencerá. Te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en este mundo, también quedará atado en el cielo; y lo que desates en este mundo, también quedará desatado en el cielo.

1-SITUACIÓN. Explicación breve del texto

¿Quién decís vosotros que soy yo? Jesús les plantea está pregunta en un momento en que mucha gente había abandonado a Jesús y su proyecto de fraternidad. De hecho, se toma un tiempo para ver qué hacer en el futuro… y pone tierra de por medio; camina hacia el norte hacia el nacedero del Jordán, muy lejos de Galilea, quizás para acercarse a las fuentes de su Vida, para conectar con ellas y decidir cómo seguir.

Los apóstoles fueron forjando una imagen de Jesús a medida que estuvieron con Él y le siguieron en su trabajo por el Reino de Dios. En este momento, todavía sólo llegan a identificarle con uno de los antiguos profetas. Sólo Pedro, a la pregunta de Jesús, apunta hacia lo que Él es: “Tú eres el Mesías”. El que salva. Aunque la comprensión de salvación en Pedro y en Jesús era, en ese momento, bien diferente, el triunfante o el sufriente. Mateo aprovecha esta escena, para situar el papel de Pedro en el primer grupo de la Iglesia. Jesús le dice a Pedro que lo que has dicho “no te lo ha revelado nadie de carne y hueso”, sino ha sido cosa de Dios y en respuesta, le da una autoridad. “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia… Te daré las llaves del Reino de los cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo…” (semejante al mayordomo de palacio de David en el antiguo testamento). Se concede a Pedro una autoridad neta en su misión, en relación al Reino.

Otros escritores del Nuevo Testamento dicen lo mismo acerca de Pedro: por ej. Pablo, en Gal 1,18, sube a Jerusalén a estar con Pedro y “por si corría en vano”; en Juan 21, 15-17: Pedro es quien “apacienta mis corderos” o sea “el pastor”; y en Lucas Hch 10 y 11: la palabra de Pedro es clave para aceptar a los paganos y abrirse a la universalidad. Para todos, Pedro, tiene un lugar clave en la Iglesia. Y hoy es el Obispo de Roma que preside a las demás Iglesias en la Caridad.

2. HACEMOS SILENCIO

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. VEMOS, ESCUCHAMOS, SABOREAMOS EL TEXTO. Me hago presente: ver, oír, gustar…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Entro en el texto, allí en un rincón junto al nacimiento del Jordán donde está sentado Jesús con los Doce. Escucho la pregunta que les lanza:  “¿Qué dice la gente de mí? ¿y vosotros?” Escucho la respuesta de los Doce: “unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas”…  Y la de Pedro: “Tú eres el Mesías”… Me tomo mi tiempo… Saboreo el reconocimiento de Jesús, por parte de Pedro, como Mesías Salvador, el Ungido de Dios…

Me sitúo en la misma escena, cerca, para ver qué acontece… y contemplo la reacción de Jesús: “Tú eres Pedro (su nombre era Simón, pero Jesús se lo cambia para la misión) y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…” Me fijo, también, cómo reaccionan los otros Once, reconociendo el carisma de la Unidad que Jesús le concede a Pedro en la comunidad… y disfruto ese momento de constitución del grupo con autoridad… Gozo descubriendo el carisma de la totalidad en la Iglesia… Miro cómo se van situando el resto de los carismas en la comunidad… Me tomo mi tiempo para asimilarlo…

Recuerdo, también, momentos claves de la autoridad de Pedro, por ejemplo, su intervención en el Concilio de Jerusalén para conseguir una Iglesia cohesionada, en un problema tan crucial como la apertura a otras culturas. Pero, también, recuerdo algunas discusiones que tuvieron entre los Doce, acerca de quién era el mayor… Ahora me doy cuenta de que una cosa es la autoridad y otro el modo de ejercerla “el mayor es el que más sirve”… Me tomo mi tiempo para disfrutar de este modo de vivir la Iglesia…

4. JESÚS Y YO. 

Ahora noto que Jesús me mira como queriendo estar personalmente conmigo. Con Él, vivo un comento comunitario excepcional. Jesús, después de preguntarles a los doce: quién soy yo, me pregunta también a mí…. ¿Quién soy para ti? Yo me paro y me tomo mi tiempo para ir sacando de lo que llevo dentro… Me salen cosas como: Alguien que está, permanentemente, presente en mi vida. Alguien que está buscándome, permanentemente, como el pastor a la oveja perdida. Alguien que inspira mis decisiones a diario. Alguien que acompaña mis sufrimientos… y podría decir más cosas… Me tomo mi tiempo…

Y también aprovecha para preguntarme: ¿Cuál es mi relación con la autoridad en la Iglesia? Le digo que me gustaría vivirla como San Ignacio dice: “Creyendo que entre Cristo nuestro Señor, esposo, y la Iglesia, su esposa, es el mismo Espíritu que nos gobierna y rige para la salud de nuestras ánimas”… Pero hay distintos estilos de vivir el seguimiento de Jesús: unos dando más fuerza a la evangelización directa, otros a la actividad con los descartados, unos más a ser luz, otros a ser sal… Con el deseo de reconocer que es necesario volver a Jesús y su evangelio, que es el quien nos une a las diversas tendencias que nos complementamos… Me tomo mi tiempo…

Él me pregunta: ¿Amas a la Iglesia? ¿Te sientes parte de esta familia, con todas sus cosas buenas y sus fallos? Voy aprovechando para comenzar a alabar lo valioso: las últimas encíclicas y escritos, la Laudato Si, el Sínodo de la familia, el Sínodo de la Amazonía, la Fratelli Tutti… El haber plantado cara a los abusos, la reorganización de la Curia y las economías… La sinodalidad… Y tantas otras que son un signo del amor de Dios en esta sociedad… Me tomo mi tiempo para saborearlas y ampliarlas…

5. Vamos terminando la oración con un COLOQUIO con Jesús

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… o le doy gracias… con un gesto de reverencia, juntar las manos; de agradecimiento, abriendo mis manos o de reconocimiento: señal de la cruz… y voy de nuevo volviendo a este lugar … Suelto los pies, abro mis manos… abro los ojos… Y termino escribiendo lo vivido, para que me ayude a fijarlo en mi vida.

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