Mt 5, 1-12

0. TEXTO
La dicha verdadera («Bienaventuranzas»).
Al ver la multitud, Jesús subió al monte y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, y él comenzó a enseñarles diciendo: (Lc 6, 20-23)
“Dichosos los pobres de espíritu, porque suyo es el reino de los cielos.
“Dichosos los que sufren, porque serán consolados.
“Dichosos los humildes-mansos, porque heredarán la tierra que Dios les ha prometido.
“Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán satisfechos.
“Dichosos los compasivos-misericordiosos, porque Dios tendrá compasión de ellos.
“Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios.
“Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.
“Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque suyo es el reino de los cielos.
“Dichosos vosotros, cuando la gente os insulte y os maltrate, y cuando por causa mía digan contra vosotros toda clase de mentiras. ¡Alegraos, estad contentos, porque en el cielo tenéis preparada una gran recompensa! Así persiguieron también a los profetas que vivieron antes que vosotros.
1-SITUACION explicación breve del texto
El valor central de la sociedad, del ambiente cultural del tiempo de Jesús, era el honor. Ese honor lo tenían las personas reconocidas por su poder o por su influjo o riqueza. En ese contexto pone Mateo en boca de Jesús las bienaventuranzas. Jesús, a través de ellas, quiere mostrarnos dónde está lo que él entiende por honor, en su proyecto “el reino de los cielos ó el Reino de Dios”, que es lo central de su misión y que nosotros lo traducimos como fraternidad humana. La palabra bienaventurados o felices proviene del griego makarios, que podría traducirse por honorable, persona de honor.
Jesús, al proclamar las bienaventuranzas, nos está invitando a situarnos en los lugares, los espacios que habitamos y repensarlos e imaginarlos desde su código de honor, que nace desde su experiencia de Dios Abba. Esto nos llevará a vivir con otros valores, con otras prácticas, desde otros espacios que no coincidirán con lo que la mayoría piensa. Al escucharlas con atención, encontramos condiciones y conductas que Dios valora o encuentra honorables. Quien quiera formar parte de la comunidad del Reino está llamado a vivirlas y convertirlas en señas de identidad.
El sermón del monte invita a imaginar un mundo alternativo en el que la opresión ceda ante la misericordia, las relaciones de desigualdad en recursos y oportunidades, cedan ante las relaciones justas y equitativas y los tirados en las cunetas de la vida sean reconocidos como personas dignas. Las bienaventuranzas no son para conseguir personalmente alturas espirituales sino para entregar la vida haciendo posible un mundo diferente, un mundo acorde con el sueño del Reino de Dios. Son, por tanto, un horizonte hacia el que caminar y hacerlo por medio de signos de esperanza.
2. Ahora comenzamos propiamente la oración HACEMOS SILENCIO
Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).
3. VEMOS, ESCUCHAMOS, SABOREAMOS EL TEXTO. Me hago presente: ver, oír, gustar…
NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).
Jesús sube al monte. Me sitúo con Él y los Doce como si presente me hallase, noto que mira a la multitud… Se siente inspirado por la gente y expresa lo que les desea: “Dichosos los pobres de espíritu. Los disponibles…” Los que unidos a Dios Abba, se han llenado de su cariño, y por eso se han vaciado de sus intereses y de sus cosas y se han llenado de disponibilidad de sus bienes y de su persona…” Es la felicidad que viene del cariño de Dios… Me tomo mi tiempo para saborearla…
Sigo escuchando a Jesús, con su nuevo código de honor: “dichosos los que lloran, las víctimas que lloran, porque recibirán consuelo y un futuro de esperanza…” Porque me voy dando cuenta que, del sufrimiento asumido, sanado y perdonado, surgen personas con una aportación social única… Que viven con mansedumbre, como ovejas en medio de lobos… Que no buscan vengarse, porque al no llevar cuentas, hacen posible un futuro de convivencia… Me tomo mi tiempo para hacerlas mías…
Continúa: “el honor os corresponde a quienes no sólo os contentáis con indignarnos, sino a quienes tomáis decisiones para que la justicia y la paz se besen…” Escucho a Pedro; “descubro tantas situaciones de injusticia en las que tomar partido…” y me acuerdo de los nobeles de la paz que han arriesgado y arriesgan por defender a los que no tienen defensor… A los que luchan para que no se produzcan exterminaciones de los pueblos, ni genocidios… Pido que vivamos así…
4.-JESUS Y YO.
Ahora parece que Jesús fija su mirada más en mí y me dice: “te deseo que seas misericordioso y que la misericordia sea la norma de conducta de la sociedad, mirar con compasión la miseria humana…” Y me acuerdo de la misericordia de Jesús, de su compasión, de las veces que, conectado con su Dios Abba, se compadece del leproso o del hijo menor o del samaritano con el herido del camino… y me dice “ve y haz tú lo mismo…”
Y continúa Jesús: “Dichoso tú, que seas limpio de corazón. Eso deseo para ti, que seas trasparente, que no engañes, que seas auténtico, sincero…” Me doy cuenta de que, las personas unidas a Dios, tienen menos que perder y que son capaces de apostar por la verdad y no por la mentira, como les pedía el Papa León a los “influencer” cristianos… Me tomo mi tiempo para aprender a ser así…
Y continua: ”Dichosos cuando, en esta sociedad, seáis perseguidos por los poderes injustos, y seáis calumniados y digan de vosotros mentiras por defender a los débiles, migrantes, a los que no pintan nada… Dichosos vosotros cuando, por ser misericordiosos con los tirados, incluso por dar de comer al necesitado o acogerlo, os persigan, os injurien y digan todo tipo de mal por mi causa… Estad alegres y contentos, porque eso también hicieron antes con los profetas, las personas de Dios, en el pasado…” Saboreo aquello que me ha tocado sufrir en las Manos del Dios de la Vida.
5. Vamos terminando la oración con un COLOQUIO con Jesús
Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… o le doy gracias… con un gesto de reverencia, juntar las manos; de agradecimiento, abriendo mis manos o de reconocimiento: señal de la cruz… y voy de nuevo volviendo a este lugar … Suelto los pies, abro mis manos… abro los ojos… Y termino escribiendo lo vivido, para que me ayude a fijarlo en mi vida.

