El perdón entre vosotros

Mt 18, 15-20

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0. TEXTO

«Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.

Os aseguro que todo lo que vosotros atéis en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desatéis en la tierra, quedará desatado en el cielo.

También os aseguro que si dos de vosotros os unís en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo os lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos»

1-SITUACION explicación breve del texto

En el judaísmo del tiempo de Jesús, quien puede perdonar los pecados es sólo Dios (recordamos: después de buscar la muerte de Urías, David escribe el Sal 50 “contra Ti contra Ti sólo pequé”). ¿Y la práctica de Jesús? Jesús perdona. Algo inaudito. Veamos por qué. Él desde su experiencia del Jordán, se va identificando cada vez más con Dios-Abbá. Por eso dice en el evangelio de Juan “Quien ha visto al Hijo ha visto al Padre… el Padre y yo somos uno”. El Amor de Dios, que le habita a Jesús, se convierte en su identidad más profunda. El Amor va unido al Perdón, como la otra cara de la moneda.

El perdón es la práctica habitual de la actividad de Jesús (como eran las señales, milagros, prodigios, signos), que consiste en sanar gratuitamente a las personas. En un texto postpascual clave, Mt 9, 8 y paralelos, recoge estos dos aspectos: “Hijo, se te perdonan tus pecados”…Y los maestros de la ley: “blasfema, quién puede perdonar pecados sino sólo Dios”. Y Jesús: “para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados, a ti te digo: levántate toma tu camilla y vete a tu casa…”. Para el mundo judío, el ser humano era uno. Si quitamos el pecado quitamos lo que le impide la amistad de Dios. Si la recupera, recupera también su lugar en la sociedad, en el pueblo, queda integrado.

Centrándonos en el texto de hoy, Jesús da este poder a sus discípulos, no sólo a los Doce: Mt 18,18 ”lo que atéis en la tierra quedará  atado en el cielo, lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo”. Lo mismo que David emplea esa fórmula para dar al administrador de palacio todo poder sobre sus bienes, Jesús da a los discípulos, a la comunidad, a la Iglesia, ese poder, esa capacidad de perdonar, de sanar, de reconciliar. Y se convierte en un poder de perdonar. Aunque los modos de hacerlo varíen a lo largo de la historia.

2. Ahora comenzamos propiamente la oración HACEMOS SILENCIO

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. VEMOS, ESCUCHAMOS, SABOREAMOS EL TEXTO. Me hago presente: ver, oír, gustar…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo en el texto, uniéndome respetuosamente a la situación que están viviendo Jesús y los discípulos, no sólo los Doce. Veo cómo viven la experiencia del perdón de las ofensas, de los daños, concretamente en la comunidad de Mateo. Y escucho a Jesús: “Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad…” Aprendo de la manera práctica de solucionar los daños causados entre ellos… Me tomo mi tiempo…

Acompaño a una comunidad que no son perfectos sino con capacidad de dañar a los demás, de ofenderse… y miro cómo entienden la corrección fraterna de cara a hacer las paces, de lograr la reconciliación en el grupo… La verdad es que no siempre llega a buen puerto porque ponen en boca de Jesús: “Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano”… De todos modos, disfruto de la posibilidad de rehacer los vínculos rotos y de recuperar las relaciones…

Respiro el aire de la comunidad donde se sienten hermanos y donde me siento hermano… Veo cómo lo hacen y aprendo para nuestra comunidad con Jesús que dice: “Os aseguro que todo lo que atéis en este mundo, también quedará atado en el cielo; y todo lo que desatéis en este mundo, también quedará desatado en el cielo….” Sin perdón no hay posibilidad de rehacer las relaciones… y aprovecho para saborear la reconciliación de las relaciones rotas por malas prácticas de poder, envidias y asuntos que los convertimos en tabús y no se hablan…

4.-JESUS Y YO.  

Ahora me doy cuenta de que Jesús me mira también a mí, como queriendo estar personalmente conmigo. Me pregunta por mi comunidad, “quiénes son tu comunidad”… Nombro a las personas de mi comunidad, despacio una a una… Me tomo mi tiempo, pido por ellos, con algunos me va mejor que con otros… Y escucho a Jesús: “si tu hermano te ofende, qué haces?”… Y recuerdo su propuesta: hablar personalmente con el ofensor, si no hace caso, háblalo con varias personas de la comunidad o con y con toda ella… Deseo que acertemos a perdonar en mi comunidad… y lo pido de corazón…

Sigo escuchando los deseos de Jesús para mí: “que vayas trabajando tus reconciliaciones pendientes, actuales o pasadas y con personas cercanas, o lejanas”… Disfruto de la posibilidad de rehacer los vínculos rotos y de recuperar mis relaciones rotas… Voy repasando las personas o las situaciones con quienes poner paz en mi vida… y aprovecho para saborear las reconciliaciones ya realizadas y las que veo posibles realizar…

Sigo escuchando, con atención, lo que Jesús me regala, que es aquello en lo que me capacita: “Os aseguro que todo lo que atéis en este mundo, también quedará atado en el cielo; y todo lo que desatéis en este mundo, también quedará desatado en el cielo”… Me tomo mi tiempo para hacer mía la responsabilidad adquirida de pedir perdón y perdonar a diario… practicando la corrección fraterna… y me anima a vivirla en este espíritu… Doy gracias por ello.

5. Vamos terminando la oración con un COLOQUIO con Jesús

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… o le doy gracias… con un gesto de reverencia, juntar las manos; de agradecimiento, abriendo mis manos o de reconocimiento: señal de la cruz… y voy de nuevo volviendo a este lugar … Suelto los pies, abro mis manos… abro los ojos… Y termino escribiendo lo vivido, para que me ayude a fijarlo en mi vida.

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