Dos situaciones sin salida. Arriesgando en la confianza

Mc 5, 21-40

Imagen de madsmith33 en Pixabay

0. TEXTO (leed el texto completo)

Había una mujer que desde hacía doce años estaba enferma, con hemorragias. Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado cuanto tenía sin que le hubiera servido de nada. Al contrario, iba de mal en peor. Esta mujer, al saber lo que se decía de Jesús, se le acercó por detrás, entre la gente, y le tocó la capa. Porque pensaba: “Tan sólo con que toque su capa, quedaré sana.” Al momento se detuvo su hemorragia, y sintió en el cuerpo que ya estaba sanada de su enfermedad. Jesús, dándose cuenta de que había salido de él poder para sanar, se volvió a mirar a la gente y preguntó:

¿Quién me ha tocado?

Sus discípulos le dijeron: Ves que la gente te oprime por todas partes y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’

Pero Jesús seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado. Entonces la mujer, temblando de miedo y sabiendo lo que le había sucedido, fue y se arrodilló delante de él, y le contó toda la verdad.  Jesús le dijo:

Hija, por tu fe has sido sanada. Vete en paz y libre ya de tu enfermedad.

1. SITUACIÓN explicación breve del texto

Situando en el contexto: el libro del Levítico (libro de las leyes) dice: “La mujer permanecerá impura cuando tenga su menstruación o tenga hemorragias; todo lo que ella toque quedará impuro, así como también quien entre en contacto con ella». Por tanto, le reconocían como impura tantos vecinos y personas de su pueblecito. ¿Qué vida llevaría esta mujer? Quedaba fuera de la sociedad. ¿Cómo tendría internalizado que era impura, que no merecía nada y que no se podía acercar a nadie?… Pero lo hace, y toca a Jesús trasgrediendo la ley. Se acerca por detrás. Y le toca de modo anónimo.

Jesús no se dirige a ella en términos de: “No has cumplido la ley. Me has impurificado”. Jesús pregunta y la mujer que ha trasgredido la ley (la costumbre asumida por todos), se acerca temblorosa y cuenta su situación. Jesús parece que desea que lo haga en público. Queda claro que hacían algo fuera de lo legal. Y queda claro que desde la acogida de Jesús, queda reconciliada con el Dios de Jesús e integrada en la comunidad del pueblo, más, liberada de sus complejos y de sus miedos. La clave es la confianza: tu fe te ha curado (porque te has atrevido a sacar la fuerza de la confianza). La confianza se sitúa como clave de la relación humana y de la relación con Dios.

Y el relato de la hija de Jairo. Nadie más puede hacer nada por su hija. Recurre al profeta, el hombre de Dios, lleno de vida. Que se enfrenta a la muerte. Jesús es el único que cree que puede haber vida en aquella niña que el resto dan por muerta. La toma de la mano, en contra de la ley que decía que tocar a un muerto era caer en impureza ritual. Pero en vez de quedar impuro, la vida de Jesús es más fuerte que la muerte y da vida a quien se creía muerto. Al padre le dice: tú sólo ten fe. Es la confianza la que obra milagros.

2. HACEMOS SILENCIO

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE: VER, OÍR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo en la escena como si presente me hallase. Veo una mujer que tiene hemorragias (pierde sangre), esas enfermedades terribles por donde se le escapaba la vida. Y además, según la ley era impura y tenía que ser apartada de la sociedad, además, las personas se apartaban de ella… No podía tocar a nadie, porque todo lo que tocaba, lo impurificaba… ¿Cómo viviría esta mujer esa situación? ¿cómo se sentiría?: internamente acomplejada, sintiéndose de menos, con culpabilidad por lo que habría hecho para estar así (algo habría hecho, esa era la mentalidad)… Le acompaño, me tomo mi tiempo para estar…

Sigo cerca de la mujer. Me doy cuenta de que saca fuerzas de flaqueza de algún lado y se acerca por detrás a Jesús, porque no se siente digna para tocar su manto, cosa que tampoco podía, porque trasgredía la ley… Estoy con ella cuando le toca y queda curada. Para mí un pequeño gesto pero para ella el gesto más atrevido de toda su vida: atreverse a tocar… Le acompaño cuando descubre que se ha cerrado la herida por la que se le iba la vida… Veo la cara de felicidad que le nace… ¿Cómo me quedo? ¿Le digo algo?  Me tomo mi tiempo… Aprendo el arte de la valentía para salir de mis miedos y mis victimismos…

Me doy cuenta de que Jesús, se da la vuelta, empieza a mirar a su alrededor y me mira también a mí, y pregunta: “¿Quién me ha tocado?” Los discípulos ni se han enterado… Le dicen: “pero si te están estrujando”… En su mirada de interrogación, yo me siento sorprendido… Yo se quién… Animo a la mujer a que responda… Intuyo que Jesús la busca para su bien… Aprendo el arte de animar a los que se sienten poca cosa…

4. JESÚS Y YO

Veo que la mujer se acerca y se postra ante Jesús… Por la confianza que este le da, cuenta ante todos su situación: “Señor, han sido 12 años perdiendo sangre, perdiendo vida… sin esperanza de que se arregle”… Jesús, escucha la historia… Le noto conmovido… Miro cómo Jesús le sitúa a la mujer en medio de la multitud, la que antes no podía estar en ningún lugar público… Y le reconoce su valentía y su gesto DE VALOR: “hija, tu fe te ha curado… tu herida ha sanado… vive en paz”… Cómo me quedo…

Aprovecho para contarle a Jesús tantas situaciones de personas acomplejadas, por tantos años de sentirse maltratadas, que las han convertido en personas que no se sienten nadie… Explotadas laboralmente o sexualmente… Tratadas siempre como de cuarta categoría… A quien siempre se ha comparado con otros dejándole como perdedora, malparada… y Jesús me dice: “haz lo que puedas para que recuperen la confianza perdida en sí mismas. Diles que Dios les aprecia, que son estimadas a sus ojos, que tienen un nombre»… Le pido que sea capaz de dar esa confianza que obra milagros…

Cuando llega a casa de Jairo, todos dan por supuesto que no se puede hacer nada, porque todos están convencidos de que su hija ha muerto. Me doy cuenta de que Jesús lo escucha y dice al padre: “confía… ten fe… no está muerta, sino dormida”… Yo estoy cerca de Jesús que es el único que cree que esa situación de muerte tiene salida… Le cuento a Jesús: “hay tantas situaciones que vivimos sin futuro, la relación de familias que creemos definitivamente rotas, grupos que abandonamos porque decimos que hasta aquí hemos llegado, personas enfermas sin futuro… Y me dice: “haz como yo, tómalas de la mano y ayúdales a levantarse”… Me tomo mi tiempo.

5. Terminamos la oración con un COLOQUIO con Jesús

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… o le doy gracias… con un gesto de reverencia, juntar las manos; de agradecimiento, abriendo mis manos o de reconocimiento: señal de la cruz… y voy de nuevo volviendo a este lugar … Suelto los pies, abro mis manos… abro los ojos… Y termino escribiendo lo vivido, para que me ayude a fijarlo en mi vida.

keyboard_arrow_up