Un mundo mejor

CON CRISTO, HACIA UN MUNDO MEJOR (2º Tiempo ordinario)

Con el telón de fondo de la celebración del centenario de la Jornada mundial del emigrante y del refugiado

¿Cuál es la razón última por lacorreos que los cristianos tengamos que aceptar, sí o sí, a los inmigrantes, sin excepción y sin restricciones? Por una razón breve, pero contundente: “… en el rostro de cada persona está impreso el rostro de Cristo.

Esto tiene sus consecuencias prácticas, nos va decir el Papa Francisco en su mensaje para esta jornada: “El fundamento de la dignidad de la persona no está en los criterios de eficiencia, de productividad, de clase social, de pertenencia a una etnia o grupo religioso, sino en el ser creados a imagen y semejanza de Dios y, más aún, en el ser hijos de Dios; cada ser humano es hijo de Dios. En él está impresa la imagen de Cristo. Se trata, entonces, de que nosotros seamos los primeros en verlo y así podamos ayudar a los otros a ver en el emigrante y en el refugiado no sólo un problema que debe ser afrontado, sino un hermano y una hermana que deben ser acogidos, respetados y amados, una ocasión que la Providencia nos ofrece para contribuir a la construcción de una sociedad más justa, una democracia más plena, un país más solidario, un mundo más fraterno y una comunidad cristiana más abierta, de acuerdo con el Evangelio”.

Alguno nos podemos preguntar: “¿qué pasa cuando me cuesta estar en sintonía con estos planteamientos evangélicos y eclesiales?. Pues nos tendremos que decir, como si de un miércoles de ceniza permanente se tratara: “conviértete y cree en el Evangelio”. O, con palabras del evangelio de hoy, nos tendremos que acercar con más pasión al “Cordero que quita el pecado del mundo”, y dejarnos convertir por Él, para que a su luz podamos ver lo que nos dice el Papa Francisco: “una nueva humanidad, preanunciada en el misterio pascual, una humanidad para la cual cada tierra extranjera es patria y cada patria es tierra extranjera”. Con Cristo, el Cordero de Dios, caminamos hacia una vida nueva. Con Cristo, el Hijo de Dios, caminamos hacia un mundo mejor.