Centro Loyola Vitoria-Gasteiz

Centro de espiritualidad ignaciana. Jesuitas de Loyola. – C/ Monseñor Estenaga 1 – 01002 VITORIA-GASTEIZ

Fiarnos de Jesús

Domingo 28 T. O. –  B

Lo primero que tendríamos que decir es: ¡qué bueno era el joven rico! Se acerca a Jesús corriendo, tiene prisa por saber cómo hacer el bien que le asegura la vida eterna, cómo estar en sintonía con el proyecto de Dios, para ser plenamente feliz ahora y tener vida definitiva que va más allá de la muerte. Se arrodilla ante Jesús, que era una manera de reconocer que la palabra que saliera de la boca de Jesús era palabra autorizada de parte de Dios.

Jesús pone el acento en los mandamientos que tienen que ver con el prójimo, los de contenido puramente ético: “No matarás, no comentarás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre”. El evangelio es claro: el comportamiento religioso ha de ser ético.

A esa persona le parece poco, le parece demasiado fácil. Nos dice el evangelio que “Jesús se le quedó mirando con cariño”. Parece que Jesús con la mirada quiere animar su voluntad y su libertad, que se sepa acogido antes de dar respuesta a una propuesta clara: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres… y luego sígueme”.

Hombre bueno y piadoso como era, seguro que no se esperaba esa respuesta. Si le hubiera mandado cumplir los otros tres mandamientos, los estrictamente religiosos, podría haber pasado. Así cumplía toda la Ley, por lo menos en su versión original. Si le hubiera pedido que entregará todo el dinero al Templo habría tenido más sentido, habría sido más lógico. Cualquier judío piadoso lo habría entendido. Pero lo que le pedía Jesús no tenía ni pies ni cabeza: darle los bienes a los pobres. Esta es la novedad que aporta Jesús y que nos cuesta aceptar: que también los pobres son camino de salvación. No se fió de Jesús.

¿Nosotros nos fiamos de Jesús? ¿Creemos que también los pobres son camino de salvación? ¿Estamos dispuestos a despojarnos de nuestras riquezas? ¿Cuáles son nuestras ataduras? ¿A qué, a quién hemos vinculado nuestro corazón?

Si queremos ser felices, si queremos ser justos, si queremos sentir que estamos bien plantados en la existencia, es decir, que hemos entrado en la dinámica de la sabiduría: invitación a fiarnos de Jesús.

 

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Esta entrada fue publicada el 14 de octubre de 2012 por en Espiritualidad.
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