DESCANSAMOS POR EL REINO


La persona se desarrolla en el trabajo, pero también en la reflexión, en la amistad, en la acogida al prójimo, en el contacto con la naturaleza, en el disfrute de la belleza, en el compromiso a favor de la justicia… trabajo y amor son las piernas sobre las que camina toda persona… por eso la persona creyente tiene que cultivar, además de la dimensión estrictamente apostólica en todas sus formas, la dimensión contemplativa: la meditación de la Palabra, la oración en todas sus formas, la celebración comunitaria de la fe,…

El descanso contemplativo nos hace comprender que en definitiva todo, absolutamente todo, está sostenido y penetrado por el misterio del Dios que es gracia, don gratuito. Por Él trabajamos, en Él podemos encontrar descanso.

Sólo desde el haber desarrollado una mirada contemplativa sobre todo lo real, es como podremos percibir, como Jesús, que hay gente que anda extenuada, como ovejas sin pastor. Sólo desde ahí, en contacto con Jesús, podremos desarrollar entrañas de misericordia, como las suyas, y tratar de dar respuesta al extravío de la gente. Sólo desde ahí, desde la mirada contemplativa que se adquiere en contacto con Jesús, podremos comprometernos y que este compromiso dote de sentido a toda nuestra existencia. Sólo estando en contacto con Jesús es como la gente nos buscará, porque lo que le ofrecemos no es a nosotros mismos, sino a Jesús.

El descanso que nos ofrece Jesús, como el compromiso, es liberador. Somos imagen de Dios cuando trabajamos. Pero somos igualmente imagen de Dios cuando descansamos. Trabajamos por el Reino. Descansamos por el Reino.